21-O: Unos resultados para preocuparse

Por segunda vez el presidente gallego Alberto Núñez Feijóo ha “rescatado” al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un triunfo espectacular en la Comunidad gallega (41 diputados) y, se ha convertido en una alternativa en la sucesión de Rajoy. El primer rescate Salvador fue en 2009, cuando se discutía el liderazgo del ahora presidente del Gobierno, tras perder las generales de 2008 frente a Rodríguez Zapatero. Por otra parte, el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, sufre un duro castigo en Galicia (pierde siete escaños) con un candidato improvisado a última hora y, en Euskadi, con la pérdida nada más y nada menos, después de haber gobernado con el PP, de nueve escaños, colocándose en la tercera fuerza política de la Comunidad vasca con 16 diputados.

A nivel de lo que se conoce como Comunidades históricas, el cambio más importante que se ha producido es el vuelco en el llamado “bloque constitucionalista”, a favor de un nacionalismo radical como el de José Manuel Beiras (nueve diputados), la explosión de Bildu, que se convierte en la segunda fuerza política de una Euskadi (que ha votado claramente nacionalismo y abertzale ), pisándole los talones al Partido Nacionalista Vasco (PNV), que tendrá que formar gobierno sin saberse, todavía, con quien tiene el propósito de hacerlo.

Tanto en Euskadi como en Galicia, la presencia de Mariano Rajoy a lo largo de la campaña ha sido mínima, aunque en su tierra, ha sido mucho menor que en el País Vasco, hasta el punto que han sido solo dos, los actos de campaña en los que ha aparecido con el candidato, Alberto Núñez Feijóo, en un intento de que la campaña no resultase contaminada con el desgaste que, en estos momentos, supone la figura del presidente del Gobierno, con todo lo que eso significa de recortes, sacrificios y penurias. El propio Feijóo ha escondido todo lo que ha podido la imagen y los símbolos del Partido Popular, igual que hicieron los socialistas con Zapatero en las últimas elecciones autonómicas y municipales del pasado mes de mayo, en las que perdieron prácticamente todo el poder territorial y gran parte del municipal.

Los comicios en Galicia en los que Rajoy, según el relato que ha hecho de los mismos “The Financial Times”, ha sido el “hombre invisible”, al que han exhibido lo mínimo posible, eran desde el principio, una trampa para el presidente español. Si triunfaba el PP, era el triunfo de Núñez Feijóo, que de esta forma, se convertiría en uno de los más seguros sucesores del actual presidente y, así se encargaba de destacarlo Esperanza Aguirre, en su reaparición en un mitin en Galicia. Y si por el contrario, el PP no conseguía la deseada mayoría absoluta, era un fracaso de Rajoy y un voto de castigo a su política que ha metido al país en una larga recesión de la que va a ser difícil salir, y en seis millones de parados… y subiendo. Cualquier alternativa era mala para quien lleva sólo diez meses en el poder, pero que ha sufrido el mayor desgaste que ningún otro presidente ha sufrido en tan poco tiempo.

Sin embargo, Euskadi presenta otras características, aunque las elecciones han sido más decisivas que en Galicia, porque se corre el riesgo de que vascos y catalanes (tal como ha anunciado ya Iñigo Urkullu) formen un frente común “independentista” y soberanista.

Frente a Artur Mas que viene defendiendo un modelo de estado, escindido de España y miembro de la Unión Europea y de la OTAN pero sin Ejército (algo imposible de conseguir en estos momentos), Urkullu ha venido defendiendo un nuevo modelo de Estatuto de Autonomía, pero que reconozca a Euskadi como Estado y con más ventajas fiscales de las que, en estos momentos le concede el Concierto Autonómico.

Durante la campaña electoral ha quedado claro que los dos partidos que han gobernado en esta última legislatura, socialistas y populares, apuestan por el actual marco político actual, por la Constitución y por el Estatuto (quizás, incluso, un nuevo Estatuto) frente a la postura independentista de EH Bildu y un PNV que, mantiene una cierta ambigüedad pero que, en cualquier momento, puede cambiar de bando hasta el punto que, en un momento determinado, puede aceptar las tesis más radicales de los “abertzales”, con lo que esa España de las Autonomías diseñadas en la Constitución de 1978, puede saltar por los aires, y así lo indican los resultados electorales de Galicia y Euskadi. Habrá que esperar los resultados de la tercera Autonomía histórica que vota, en esta ocasión, el próximo 25 de Noviembre… pero lo que de avecina con una crisis bancaria, de deuda, institucional y constitucional no es precisamente bueno.