Artur Mas se ibarretxiza

Siete años después de que el Parlamento español rechazase por una amplia mayoría -313 votos en contra, 29 a favor y dos abstenciones-, el llamado Plan Ibarretxe, un plan basado en el derecho a decidir del pueblo vasco, un pueblo y un Estado dentro de Europa que comprendería Euskadi Norte y Euskadi Sur, y que fue el primer intento de secesión, en el actual régimen democrático, desde Cataluña, utilizando otras vías, aunque el mismo espíritu, se quiere resucitar un nuevo Plan Ibarretxe, aunque ahora se habla claramente de la independencia de Cataluña, de su separación de España, y de su integración sin solución de continuidad, como si fuese tan fácil, como un nuevo Estado, dentro de la Unión Europea.

En esta ocasión, el Ibarretxe de turno es Artur Mas i Gabarro (Barcelona l956), presidente de la Generalitat catalana desde diciembre de 2010, heredero, discípulo y marioneta de Jordi Pujol i Solei, presidente de la Generalitat catalana durante veintitrés años, y de su hijo, el actual secretario general de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) Oriol Pujol Ferrusola, los auténticos cerebros de la gran manifestación independentista del pasado 11 de septiembre en Barcelona, que ha provocado la actual crisis política entre Cataluña y España.

Imbuido casi del mismo mesianismo que el ex lehendakari Juan José Ibarretxe, Artur Mas se ha convencido, o le han convencido, de que él puede ser el que lleve a los catalanes hacia la tierra prometida de la independencia con un nuevo estado dentro de la Unión Europea, que se colocará a la cabeza de las naciones más desarrolladas de la Europa de los 27.

Es más, horas antes de entrevistarse este jueves con el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, en el Palacio de la Moncloa para reivindicar ese Pacto Fiscal, difícilmente encajable en la Constitución española, Artur Mas creaba en Barcelona el germen de lo que puede ser la Hacienda catalana, el principio de la llamada “soberanía fiscal”, con la firma de las tres diputaciones de la Autonomía, igual que existe en Euskadi, y que serían las encargadas de recaudar todos los impuestos, de los cuales se daría un 4 por ciento, al llamado Fondo de solidaridad con las otras Autonomías.

El encuentro de la Moncloa ha terminado sin ningún tipo de acuerdo, por la falta de flexibilidad de Mas, y por la escasa capacidad de maniobra de Rajoy, después del mensaje del Rey del pasado lunes, advirtiendo de las aventuras que van en contra de la unidad nacional, y de la presión de sectores importantes del Partido Popular, de UP y D (importante intervención la de Rosa Díez en el Parlamento el miércoles, defendiendo el estricto cumplimiento del mandato constitucional ) y de amplias capas de la sociedad española, que han empezado a clamar por la entrada en vigor del artículo 155 de la Constitución.

El artículo 155 señala que si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Sin embargo, ni las referencias a ese artículo, que sería el último recurso a emplear en el caso de convocatoria de un Referéndum de independencia sin la autorización del Gobierno central, ni la llamada de atención del jefe del Estado, ni los mensajes de preocupación de los máximos responsables de las grandes empresas con negocios en Cataluña, así como de entidades bancarias como la Caixa y el Banco de Sabadell, han desviado a Artur Mas del camino que previamente se había trazado, o le habían trazado.

O aceptación, sin más, del Pacto Fiscal, sin matices, o inicio del camino hacia la independencia. Soberanía fiscal e independencia por encima de todo, y, apertura de un periodo de reflexión, con ocasión del debate de política general previsto para la semana que viene en el Parlamento Catalán. Y, después del debate, a la vista del fracaso del encuentro de la Moncloa sobre el Pacto Fiscal, disolución del parlamento y convocatoria de elecciones para finales de noviembre, o principios de diciembre.

Ni el País Vasco de 2005 es lo mismo que la Cataluña de 2012, ni Artur Mas es Ibarretxe aunque quiera seguir su mismo camino, aun corriendo el riesgo del gran fracaso, ni las situaciones políticas similares ni por supuesto la situación económica. Aprovechar la crisis, para esto es sobre todo, una gran deslealtad con el resto de España.