Mi recuerdo de Carrillo

Cualquiera de los que haya combatido en la guerra civil española (1936-1939) del lado de los que se alzaron contra el Gobierno legitimo de la República y contra el comunismo que querían implantar, según ellos, entre otros Santiago Carrillo, dirigente en aquellos años, de las Juventudes Socialistas, no habrá salido todavía de su asombro al contemplar la despedida que le ha dado el pueblo madrileño, al ver a los miles y miles de personas que han pasado por la capilla ardiente instalada en la sede central de Comisiones Obreras en la calle Lope de Vega, al asombrarse de la visita de los Reyes a la humilde casa del dirigente comunista, al leer y oír las decenas y decenas de recuerdos en prensa, radio y televisión, glosando su polémica y controvertida figura, y su obra.

Conocí a Carrillo días después de su detención en Madrid en diciembre de 1976, cuando salió de la clandestinidad y se presentó en rueda de prensa, ya sin peluca, a los periodistas y a la opinión pública. Meses antes, como director del semanario “Cambio16″, había publicado una portada en el que se veía al perseguido Carrillo sentado en un coche y atravesando el paseo de la Castellana, con el Estadio Bernabéu, perfectamente visible desde las ventanas de su coche. Ante mi insistencia de que Carrillo ya estaba en Madrid, y que vivía en España, desde el partido, entonces en la más absoluta clandestinidad, decidieron pasarme esa foto, probablemente para medir el impacto que podía causar dentro del Régimen, la presencia del dirigente comunista dentro ya de España.

Santiago, llevaba meses viviendo en Madrid, teniendo reuniones con otros responsables, e incluso, comiendo en restaurantes, hasta el punto que un día que iba acompañado del fiel Lagunero y de su secretaria Belén Pines, coincidió con el ministro de Arias Navarro, Antonio Carro, en el restaurante Jockey de Madrid, sin que éste le pudiese reconocer con aquella peluca y aquellas lentillas.

La portada de “Cambio 16″ con la célebre foto de él, en el coche con el Bernabéu de fondo, fue un autentico escándalo político, y provocó la inmediata llamada indignada del ministro del Interior de la época Martin Villa, incrédulo sobre la autenticidad de la foto. Entonces no había photoshop y la foto era la prueba inconfundible de que el perseguido secretario general del PC, había decidido instalarse ya en Madrid sin ningún tipo de autorización oficial.

Meses después, cuando le conocí, a través de Pepe Armero, presidente de la Agencia Europa Pres y enlace entre Adolfo Suárez y el dirigente comunista, Carrillo me confesó que la publicación de “Cambio 16″ aceleró su salida definitiva de la clandestinidad con la rueda de prensa en la que apareció, a pecho descubierto, carnet en la mano y ya, sin peluca y sin lentillas.

Luego, coincidimos en numerosas ocasiones en debates, tertulias, almuerzos y reuniones. Presentó algunos de mis libros (su testimonio del golpe de estado lo recojo en “La Noche de Tejero” y “23 F la Historia no contada”) y mantuvimos una mayor relación en mi etapa activa de director de “Cambio 16″ y de “Tiempo”.

Con él, pienso que se nos ha ido probablemente uno de los mejores políticos españoles del siglo XX y un hombre que, sin cuyo apoyo y ayuda, la transición no se hubiera escrito con los aires de moderación y entendimiento con los que se ha escrito. Con sus luces y sus sombras (muchas de ellas les han perseguido hasta su muerte) una parte de la historia de España, y sobre todo esa parte de la reinstauración de la Monarquía española y la reconciliación de los españoles, no hubiera sido posible sin su colaboración.

“Pertenezco -ha dejado escrito- a una generación combustible. A la que ha tocado vivir un periodo tormentoso de la vida de España y del mundo. Una generación que ha dejado en el camino muertos en las trincheras, bajos los bombardeos o las represiones, a millones de sus componentes. Soy uno de sus supervivientes. Fui un heterodoxo en el Movimiento socialista: me enfrenté con la orientación de sus líderes y ello me llevó al comunismo. Al final fui también heterodoxo en el movimiento comunista: terminé enfrentándome con sus líderes “oficiales” y encabezando el eurocomunismo. Me criticaron de los dos lados, pero fui fiel a mis ideales”.

Este jueves sus restos serán incinerados en el cementerio de la Almudena y sus cenizas esparcidas en el Cantábrico, en el mar de Gijón donde nació hacen 97 años.