Esperanza Aguirre: Por qué se va

“Por suerte, los médicos dan buen pronóstico pero yo voy a desaparecer de la circulación unos días y operarme”. Con estas palabras, en febrero del año pasado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anunciaba al país que tenía cáncer de mama y que no sabía si se iba a presentar de nuevo a las elecciones del mes de mayo, en las que al final obtuvo una nueva mayoría absoluta.

Año y medio después, una Esperanza Aguirre emocionada, con el llanto contenido y la voz tomada, anunciaba de improviso, y oficialmente, después de entrevistarse con el presidente del Gobierno y del partido, Mariano Rajoy, que dimitía de presidenta de la Comunidad madrileña y de parlamentaria autonómica, que dejaba la primera fila de la política y que estaba a disposición del partido para lo que el partido necesitase. Sin más explicaciones, que probablemente solamente se las habrá dado a Rajoy, cuyo comunicado oficial relatando su reacción deja mucho que desear, y sumido todo en el más profundo de los misterios. Es ese misterio y su emocionada despedida lo que hace pensar que ha sido precisamente su enfermedad, “presuntamente” curada, y en pleno proceso de revisión médica, la razón última de una retirada en la que la presidenta lleva pensando desde su primera intervención quirúrgica.

Conociendo a Esperanza Aguirre, condesa consorte de Murillo, nada le puede haber conducido a retirarse de la primera línea de la política, (su pasión, su vida, su principal y más activa de sus preocupaciones) que no sea la enfermedad y los efectos psicológicos que en cualquier persona desencadena. Luchadora, con sentido del riesgo, segura de sus ideas, ambiciosa, consecuente, políticamente incorrecta, sin miedo a decir siempre lo que piensa, aunque moleste, nadie le puede haber obligado a retirarse ni a dejar un puesto al que llegó, como consecuencia de una traición (escándalo de los socialistas Tamayo y Sáenz) hace ya nueve años , y al que desde hace meses , según algún que otro comentario entre miembros de su círculo, no tenía el mínimo interés en volverse a presentar, aunque sí le gustaría competir por la Alcaldía madrileña que, en estos momentos, ocupa Ana Botella, sucesora en el escalafón de Alberto Ruiz Gallardón.

Su entorno mediático, especialmente el periódico “El Mundo” y todos los medios que giran en torno a Federico Jiménez Losantos, le habían convencido de que su liderazgo iba mas allá de la presidencia de la Comunidad madrileña, y que en un momento determinado, podía convertirse en una alternativa a Mariano Rajoy. Lo intentó, sin rematar, en los prolegómenos del Congreso de Valencia, tras la segunda derrota electoral del Partido Popular, para conforme pasaba el tiempo, sumarse a la serie de “marginados” por ese especialista en desapariciones que es el actual líder del Partido Popular y, cuyas últimas víctimas, son Francisco Álvarez Cascos, Jaime Mayor Oreja o Rodrigo Rato, estos dos competidores directos en la sucesión de José María Aznar.

De todos, Esperanza Aguirre es la que más claramente ha discrepado de él, la que a veces le ha obligado a cambiar de opinión, especialmente cuando se trataba de temas que afectaban a su eterno adversario el exalcalde madrileño Alberto Ruiz Gallardón, y la que más duramente le ha criticado, dentro y fuera del partido.

Ahora, la gran incógnita es si efectivamente, el actual presidente en funciones, Ignacio González, el hombre que realmente maneja el partido en Madrid y los resortes de la Comunidad (en la guerra interna se ha ido desprendiendo de todos sus enemigos, el último Francisco Granados), será el candidato en el próximo acto de investidura, o por el contrario, dada la falta de entendimiento con el presidente del partido y del Gobierno, éste opta por otro candidato, algo que abriría un nuevo conflicto interno en un partido que no está para muchos conflictos.