Por qué no puedo estar a favor de Uribetxebarria

El centenar largo de militantes de ETA que está en huelga de hambre en diversas cárceles españolas, a la espera de la concesión de la libertad condicional de Iosu Uribetxeberria, el carcelero del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, tendrá que decidir, en las próximas horas, si siguen sus acciones de protesta o la suspenden a la vista de que esa libertad vigilada puede retrasarse, por lo menos, tres semanas más. Uribetxebarria, por su parte, ha entrado en su segunda semana de huelga de hambre.

Este es el nuevo plazo que tiene el fiscal para recibir un nuevo informe del Hospital Donostia de San Sebastián, en el que conste el historial clínico del enfermo terminal de cáncer, con metástasis en el pulmón y en el cerebro, y su historial médico, que además deberá ir firmado por “personas concretas”, y no por una comisión médica, no identificada como el que se ha presentado y que tiene que ser completado, y ampliado, para que la libertad condicional que la semana pasada le concedió el Ministerio del Interior, sea corroborada por la Audiencia Nacional.

La libertad condicional de Uribetxebarria, ha producido una profunda división entre los militantes del Partido Popular, entre los máximos responsables del partido y la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a la que ha acompañado en numerosas manifestaciones contra el anterior gobierno socialista por temas parecidos al de ahora (recuérdese la huelga de hambre de de Juana Chaos) , y entre la propia dirección popular, cuyo sector más radical cree que se está cediendo al chantaje de ETA, en unos momentos en los que la banda está a punto de desaparecer.

Pero al margen de las tensiones que dentro de su propio electorado ha causado la decisión del Ministerio del Interior de aplicar el artículo 92 del Código Penal al carcelero de Ortega Lara, una disposición que establece que los condenados por terrorismo “podrán obtener la libertad condicional cuando, según informe medico, se trate de enfermos muy graves con padecimientos incurables”, la opinión pública nacional aparece, también, especialmente dividida en este caso, por la personalidad del etarra, por la especial crueldad que mostró con su secuestrado, por su actitud de mofa que adopto en el juicio y, por la falta absoluta de humanidad o de arrepentimiento que ha tenido desde su ingreso en prisión hace quince años.

Este mismo cronista, si no hubiese estado, cuarenta y ocho horas después de su liberación por la guardia civil, en el húmedo y asfixiante zulo, cerca del río Deva, y debajo del suelo de una nave industrial de Mondragón, un zulo mal oliente de tres metros de largo por dos metros y medio de ancho y poco más de metro y medio de altura, en el que solo se podían dar tres pasos bajo la tenue iluminación de una bombilla de sesenta vatios, estaría defendiendo la libertad condicional del carcelero, por unas razones humanitarias que él jamás tuvo para su víctima.

Si no hubiera visto donde tenía que hacer sus necesidades Ortega Lara, en un orinal que apenas era lavado; si no hubiese sentido esas ganas irrefrenables de llorar ante la prueba evidente de que la crueldad del ser humano tiene unos límites que somos incapaces de comprender; si no hubiese percibido allí abajo sin apenas poder respirar, la fuerza de la maldad humana, estaría con quienes, con la mejor voluntad, creen que el final del carcelero es morir dignamente junto con su familia, una dignidad con la que en ningún momento trataron a su víctima durante los más de quinientos días que duró el secuestro y a la que, en un momento determinado, estuvieron a punto de dejar morir por hambre.

Probablemente si no hubiese estado allí hoy pensaría de otra forma y diría que la democracia es tan fuerte que pueden permitirse ciertos gestos de magnanimidad con los asesinos que ellos jamás tendrían con sus víctimas. Pero desgraciadamente, estuve allí debajo en el zulo, y no puedo escribir una sola frase a favor de un asesino como Uribetxebarria… Son muchos los presos comunes, con enfermedades terminales que mueren en prisión sin que nadie se ocupe de ellos.