El miedo de Rajoy a dar la cara

Hace cinco días el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la apresurada clausura del Congreso del PP en Granada, en el que fue elegido el Alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, como sucesor de Javier Arenas al frente de los populares andaluces, pedía a todos los militantes que saliesen de allí, con la cabeza alta y, que diesen la cara porque, refiriéndose a las últimos durísimos recortes y que afectan a los sectores más sensibles de nuestra sociedad, que han movilizado este jueves en más de ochenta ciudades españolas, a cientos de miles de funcionarios, no había nada de qué avergonzarse .

Este jueves, el presidente del Gobierno se ha olvidado de sus propios consejos, y ha evitado dar la cara para defender en el Parlamento los decretos leyes con los que se han aprobado (solo con los votos del PP y la oposición del resto de los diputados), los mayores recortes que se haya producido en el país desde la posguerra.

Rajoy ha permanecido en su despacho del Palacio de la Moncloa y, ha preferido que fuesen dos de sus Ministros, el de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, y el de Economía y Competencia, Luis de Guindos, los que diesen la cara, con desigual fortuna y parecidas dotes de convicción.

Algo insólito, dada la trascendencia de las medidas que se sometían a votación, dado el desgaste que supone para el Gobierno los citados recortes, porque todo lo aprobado va contra del programa electoral del PP y en contra de lo prometido en la campaña con la que se ganaron las elecciones el pasado mes de Noviembre y, porque dentro del partido, hay una actitud creciente de que se explique todo, de que en efecto, si no hay que avergonzarse de nada, se dé la cara, y que no ocurra como en la etapa de gobierno de José María Aznar con la guerra de Irak, que hubo que defenderla por disciplina pero sin ninguna convicción.

Ese “escapismo” tan de Rajoy (cuyo episodio más relevante fue la huida a lo Urdangarin por el garaje del Senado para evitar a los periodistas), esos fallos en la política de comunicación del presidente del Gobierno, ese intento de no quemarse en los debates, de no dar la cara (sigue sin entenderse por que se niega a que este años haya el correspondiente Debate sobre el Estado de la Nación), esa actitud a veces de negar lo evidente, ha trascendido y ha tenido eco en los grandes medios informativos internacionales, hasta el punto que son muchos los medios que sostienen que estando Italia en parecidas circunstancias económicas que España, es la política de comunicación de Mario Monti y sus relaciones públicas, lo que ha contribuido a que la imagen de Italia, sea mucho más positiva, en Europa y en los mercados, que la de España.

Incluso un país rescatado como Portugal, según un estudio realizado por la Agencia Reuter, con una buena política de comunicación y de relaciones públicas, se está comportando de cara al exterior mejor que España por lo que la agencia británica cree que Mariano Rajoy podría aprender algunas lecciones de comunicación del vecino Portugal, mientras lucha por recuperar la confianza en las finanzas públicas de Madrid y por evitar el rescate

Según los británicos de Reuter, Rajoy arrastró los pies en la toma de las primeras medias, negando cualquier necesidad de asistencia para los bancos hasta el último minuto y dejando, luego, que fuesen los ministros quienes efectuasen los anuncios impopulares. Prometió disciplina presupuestaria, pero relajó unilateralmente el objetivo de déficit de Madrid y luego tuvo que negociar más flexibilidad con Berlín y Bruselas, solicitando a la vez, en vano, la intervención del BCE para comprar bonos españoles y tranquilizar a los mercados.

Pero no solo son los británicos, son también los alemanes (ver el periódico “Der Tagesspiegel”) los que tienen su peculiar visión del presidente español: Silencioso, cerrado, solitario. No sólo en Bruselas se considera difícil e impenetrable al Jefe del Gobierno español. También sus colaboradores más estrechos se quejan de que no les mantiene siempre al corriente. En ocasiones, los sorprendentes anuncios del jefe han tenido que ser vendidos de forma improvisada como decisiones maduradas.” En esos casos tenemos que convertir el agua en vino”, comenta un confidente. Una y otra vez, Rajoy ha aplazado reformas y planes de ahorro urgentemente necesarios. También la gestión que ha hecho Rajoy de la crisis bancaria parece improvisada. Los bancos españoles no tienen que ser rescatados, sostuvo en un primer momento de forma férrea -para comunicar de repente que la situación era crítica y que se había pactado con la UE una línea de crédito de emergencia de 100.000 millones de euros-. Este rumbo en zigzag no le sienta bien a la popularidad de Rajoy.

Pero lo malo es que todo esto se refleja en su cara. Su cara, simplemente, refleja miedo.