Después de Dívar, el Síndic catalán

Tras resistirse durante semanas no ha tenido más remedio que dimitir de sus cargos Carlos Dívar, presidente del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, por el escándalo de los fines de semanas caribeños (de jueves a martes) sufragados con fondos del Consejo, sobre los que se ha negado a dar explicaciones, especialmente en estancias de hoteles de lujo y restaurantes de cinco tenedores, generalmente, acompañado del jefe de su escolta y asesor personal, Jerónimo Escorial.

Su dimisión cierra un triste capítulo del poder judicial, especialmente en su prestigio y en su credibilidad ante la opinión pública, responsabilidad que no solo ha sido de Dívar, sino también de quienes ciegamente, han querido apoyarle, como ciertos sectores del Partido Popular y, sobre todo, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, que en varias ocasiones le pidió que resistiese, y que no han sido conscientes de la gravedad del escándalo y de los efectos perniciosos que ha causado en la ciudadanía durante estas últimas semanas.

Cerrado el caso Dívar, queda pendiente otro, que ha producido similar reacción de incredulidad, asombro e indignación que el del presidente del Tribunal, Supremo: el escandaloso caso de los innumerables y exóticos viajes, a costa del erario público, del Síndic de Grujes, el defensor del Pueblo Catalán que ha realizado, en los dos últimos años, acompañado de los correspondientes asesores, y de su jefa de gabinete, medio centenar de viajes a los sitios más sorprendentes del mundo, y de muy difícil justificación.

A 25 viajes por año a costa de la Generalidad de Cataluña. Ese, por lo menos es el balance que muestra el Síndic de Grujes, Rafael Ribó, ex líder de ICV-EUA, Iniciative per Catalunya Verds, en la memoria del Defensor del Pueblo catalán que, sin ningún tipo de reparos, ha sido hecha pública y que ha provocado un autentico escándalo y un debate sobre el uso del dinero público por parte de una Institución que tiene un presupuesto de siete millones de euros y una plantilla de 87 trabajadores.

Con la excusa de que también el señor Ribó pertenece al Instituto Internacional del Ombudsman (IOR), el  Defensor del Pueblo catalán, se desplazó en 2010 a Rotterdam (Holanda), Grecia, Islas Bermudas y Oslo (Noruega), Ginebra (Suiza), Viena (Austria) e Italia y, siempre a costa del erario público. Viajó también a lugares tan variados como Monton (Canadá), Cartagena de Indias (Colombia), Montevideo (Uruguay), Aguascalientes (México), Innsbruck (Austria), Portugal, Finlandia, Prístina (Kosovo), Belgrado (Serbia) y Novid Sed (Serbia). Todo un Marco Polo en defensa de los derechos de los catalanes y de los ciudadanos que no encuentran cauce para sus reivindicaciones.

Pero es que, en el 2011 continuó su compulsiva actividad viajera que han servido, según él para “ir con la senyera y representar a Cataluña en Asambleas, reuniones y seminarios en todo el mundo”, y visitó Varsovia (Polonia), Londres (Reino Unido), Venecia, Viena, Varsovia, Dublín (Irlanda), París (Francia), Bolonia (Italia) y Livingston (Zambia); y una de sus asesoras, tuvo que ir a Tallin (Estonia) probablemente porque el Síndic ya había estado anteriormente en ese país. Ese mismo año, el Síndic también realizó conferencias en Taipéi (China) y Estambul (Turquía). Visitó Buenos Aires (Argentina), Astana (Kazakstán), Luxemburgo, Malta y Belfast (Irlanda).

Pero lo más sorprendente del señor Ribó es que su mandato como Defensor del Pueblo catalán terminó en el año 2010, pero el Parlamento autonómico reformó la Ley para que pudiera renovar el cargo, nada más y nada menos, que por nueve años más con lo cual habrá permanecido en un cargo público, desde que accedió a parlamentario, 39 años, casi el mismo tiempo que el general Franco estuvo o en el poder, a menos que como Dívar se le obligue a presentar su dimisión a la que solo no se niega, sino que está convencido de que ha prestado a Cataluña un servicio patriótico impagable.

3 comentarios
  1. José Ruiz says:

    Perdido, o eso supongo, mi comentario, trato de repetirlo:
    Sr. Arias: Gracias por decirnos una vez más, unas cuantas verdades del barquero.
    Y visto, que en el panorama político español, carecemos con un solo político que sea capaz de pensar con la más mínima lógica, ¿por qué una vez jubilado, no se dedica a la política? Mi voto, el de gran parte de mi familia y de mis amigos, los tendría asegurados.

    • Chesmaloli says:

      ¡ Qué poco quiere usted a D. Chencho!
      Mandar hacia la política a alguien a quien se aprecia….
      🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 FELIZ AÑO.

      • José Ruiz says:

        Tanto como quererle…No tengo el honor de conocerlo personalmente, pero si quiero el bien de todos mis compatriotas por los que me sacrificaría y solo pido a un español de pro, que lo es y que ha servido a España, que siga haciéndolo, a pesar de “saber” que muy pocos se lo agradecerían.

Los comentarios están desactivados.