El patético final de Carlos Dívar

El Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial, Carlos Dívar, ha decido presentar la dimisión de su cargo en la reunión del Consejo General que ha convocado para el próximo, jueves día 21, al comprobar que la mayoría de los consejeros en el pleno de urgencia, convocado este sábado, eran partidarios de una renuncia por su comportamiento en estos fines de semana en Marbella, costeado con dinero de los contribuyentes.

Empeñado en asistir junto al Rey al bicentenario del Tribunal Supremo que se celebra este lunes, Dívar ha hecho público que participa del criterio de todos los que han hablado en el pleno de este sábado y ha compartido la opinión general de que la situación es insostenible. “Está bastante claro lo que quiero decir -dice en una nota oficial- y la próxima semana anunciaré una postura rotunda y contundente”.

Pero, al margen de la decisión adoptada en la reunión de este sábado, reunión que el afectado se ha visto obligado a convocar por la presión de cinco de los consejeros, que se ha convertido en una verdadera moción de censura, y que no invalida la que el propio afectado ha convocado para el día 21, la realidad es que política, y, profesionalment , el señor Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial, presidente del Tribunal Supremo y número cuatro en el rango de las autoridades del Estado, está ya desautorizado por una opinión pública que mayoritariamente pide su renuncia, y cuanto más tiempo tarde en abandonar el cargo, más daño hará a la Justicia, que a raíz de este escándalo está viviendo, y vivirá hasta la próxima semana, uno de los capítulos más bochornosos de su reciente historia.

Lo acaban de recordar los 17 jueces decano de toda España que, en un escrito se refieren al sentimiento de “vergüenza y tristeza” que la situación ha generado en el colectivo judicial, algo que, consideran que es “gravemente perjudicial para la imagen del Poder Judicial ante los ciudadanos “y que “afecta al mismo funcionamiento del Estado de Derecho”.

Las tres asociaciones de jueces han expresado sus críticas a unos viajes que consideran “excesivos, abusivos y frívolos”, han lamentado el daño que este escándalo está suponiendo para la imagen de la justicia y dos de ellas, la Francisco de Vitoria y la de Jueces para la Democracia, han pedido la dimisión inmediata de Dívar, una dimisión que el propio interesado quiere retrasar por un simple acto protocolario, que al fin y al cabo retrata perfectamente la vanidad del personaje.

Teniendo en cuenta los antecedentes del vergonzoso caso; los gastos de esas cenas íntimas para dos en restaurantes y hoteles de lujo de Marbella, en las llamados fines de semanas “caribeños” (de jueves a martes ) ; el intento de ocultar la personalidad de su acompañante en esas cenas -un Policía nacional de la escala básica , ascendido a jefe de su servicio de escoltas y asesor personal, refugiándose en supuestos “secretos de Estado”; el hecho mismo de convertir actos oficiales que duraban unas horas en visitas interminables , dedicadas al ocio en hoteles de lujo; la confusión total entre gastos públicos y gastos privados ; las sospechas de que todos esos largos fines de semana pueden haberle costado al contribuyente más de 15.000 euros (de ahí la acusación de malversación de caudales públicos que invocan varios consejeros, entre ellos el denunciante, José Manuel Gómez Benítez) es evidente que el señor Dívar, por mucho que se empeñe y por mucho apoyos que tenga en estos momentos del Gobierno, del Ministro de Justicia y del Partido Popular, no podía seguir bajo ningún concepto en el cargo.

Al final, es posible que se haya sentido abandonado por el Gobierno, por el ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, que hace semanas sostenía, sorprendentemente, que estábamos ante un “caso cerrado”, y por el Partido Popular que le ha intentado proteger para que no diese la cara en el Parlamento.

Es verdad que ya el Gobierno le había tomado la medida a Divar, y, en este sentido, el había perdido la poca independencia que le quedaba, pero habría que saber si también Divar le tenía tomada la medida al Gobierno con determinadas informaciones que el resto de los españoles ignorábamos. Si no, en plena etapa de la tan pregonada transparencia, no se entiende lo que ha estado pasando con ese apoyo incondicional a quien hace ya semanas que debería estar fuera.

Divar pudo irse antes. Ahora su marcha tiene cierto aire de patetismo, a pesar del boato y el esplendor con los que disfrutará este lunes junto al Rey, la vicepresidenta del Gobierno y el ministro de Justicia.