Preocupación y miedo y… silencio de Rajoy

Los nervios, la preocupación y, sobre todo el miedo, un miedo que incluso se refleja en la cara de los máximos responsables políticos, parece haberse apoderado del Gobierno y, también, de la clase política general, en un nuevo jueves negro en el que la prima de riesgo ha alcanzado un nuevo récord (por encima de los 550 puntos) y el bono a diez años, comparado con el alemán, se ha situado en el umbral del rescate, ese siete por ciento, con el que empezaron, en su momento, las gestiones para la intervención de la troika en Grecia, Irlanda y Portugal.

A la espera de lo que pase en Grecia este domingo, en unas nuevas elecciones decisivas para la zona euro (esta todo preparado para la puesta en marcha en el país heleno de un “corralito” oficial que evite el hundimiento del sistema), en Madrid cada vez son más los que piensan que el Gobierno, desbordado, ha perdido el control de la situación, que no sabe qué hacer, que repite casi de forma desesperada, que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, que estamos a punto de entrar en una crisis sistémica, y que la única solución a corto plazo pasa, necesariamente, por la intervención del Banco Central europeo para la compra de Deuda Pública, algo a lo que se viene oponiendo la canciller Merkel.

Es lo que ha venido pidiendo desesperadamente Mariano Rajoy, para evitar el rescate del sistema financiero, (y ahí está la carta dirigida a Durao Barroso y Van Rompuy hecha pública ayer por la Moncloa antes de que la conociesen el resto de los dirigentes europeos) y, es lo que sigue pidiendo ante la crisis de la Deuda Pública española que ha alcanzado este jueves, su mayor momento de peligro.

Un peligro tan evidente que ya se habla claramente entre muchos analistas, de rescate. Un rescate formal que iría más allá que el simple rescate del sistema financiero.

Las incógnitas sobre los detalles del rescate a los bancos españoles; la noticia oficial de Bruselas de que habrá un aumento del déficit público español provocado por ese rescate, a pesar de las informaciones proporcionadas por el propio presidente del Gobierno español; la rebaja de la calificación realizada por la Agencia Moody´s situando la Deuda pública española muy cerca ya del “bono basura” y las incógnitas que se abren con las elecciones en Grecia este domingo sobre el futuro de la eurozona, e, incluso, sobre el futuro del euro, han provocado este jueves la sensación de que nos encontramos al borde del precipicio y con la sensación añadida de que aquí, ni hay plan “B”, ni hay iniciativas políticas ante lo que parece que se nos viene encima, como si fuera un tsunami que llega y no se puede evitar.

De nuevo, este jueves, tras la reunión de la Comisión delegada de Asuntos Económicos en el Congreso de los Diputados, presidida por Mariano Rajoy, que ha durado hasta las dos de la tarde y que, en realidad, se ha convertido en una reunión de un gabinete de crisis, se ha notado la ausencia clamorosa del presidente del Gobierno que ha evitado, como siempre, las preguntas de los periodistas, dejando que fuese el ministro de Economía, Luis de Guindos,  el que transmitiese el necesario mensaje de tranquilidad a una opinión publica cada vez más alarmada por una situación a la que no le encuentra punto final y sobre la que está profundamente confundida con informaciones oficiales que no se corresponden a la realidad.

Hasta tal punto ese es el retrato de la situación, que la prensa belga sostiene que Europa ha tenido que cantarle las cuarenta al Gobierno español y, con una serie de cargas bien dirigidas, ha desmontado la estrategia optimista de Madrid sobre el rescate de los bancos españoles.

“El Gobierno español parece vivir desde hace varios días en otro planeta” argumenta el periódico “De Tijd” que señala que la política de comunicación de las autoridades españolas sobre el acuerdo del Eurogrupo para sanear el sector bancario ha provocado irritación en todo el mundo, en tanto el presidente y sus ministros insisten en que el préstamo de 100.000 millones no era un rescate. Madrid sostiene que la línea de crédito sólo incluiría condiciones para el sector bancario.

Rajoy también viene sosteniendo que el acuerdo no surtirá efecto sobre el déficit presupuestario español e, incluso a presentar el plan de rescate como un triunfo.