Rajoy quiere convencernos de que nos tocó el Euromillón

Con una absoluta falta de respeto a la oposición (especialmente hacia la representante de UPy D, Unión Progreso y Democracia Rosa Diez, y de ICV, Joan Coscubiela ) el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha resuelto este miércoles en el Parlamento en una sesión de control, y en unos pocos minutos, sin añadir nada nuevo, ni explicar los detalles, el rescate del sector financiero español por un máximo de 100.000 millones de euros, rescate que será supervisado por la “troika” comunitaria: Comisión Europea, Banco Central Europeo, y Fondo Monetario Internacional.

El presidente del Gobierno que se niega a comparecer en el Congreso de los Diputados para explicar lo que es un rescate, el cuarto rescate que sufre un país de la Unión, después de Grecia, Portugal e Irlanda, también se niega a aceptar que el rescate del sector financiero sea tal (el argumentarlo oficial habla, simplemente de ayuda financiera, o crédito preferente) y en la sesión de control ha venido manteniendo la misma postura. “Es un crédito -ha afirmado como única explicación- que pagará la propia Banca y debemos celebrar que nuestros socios europeos nos hayan ayudado”, insinuando que ha sido su Gobierno el que lo ha pedido cuando la realidad, según ha revelado el presidente de la Comisión, Durao Barroso, desmintiendo la versión del presidente español, es que tuvo que libar una dura batalla contra Rajoy para forzarle a que pidiese el rescate, tal como le venía exigiendo, desde hacía días Alemania y su ministro de Finanzas.

Él, simplemente, quería la intervención del Banco Central Europeo para que comprase deuda y contribuyese a bajar la prima de riesgo, algo a lo que Draghi, muy crítico con la forma en que se había resuelto la crisis de Bankia, y como se estaba llevando a cabo la reforma financiera, se negaba sistemáticamente. La carta que, días antes del rescate, en un tono dramático envió el presidente español al presidente del Consejo Europeo Van Rompuy y que la Moncloa ha hecho pública este lunes, confirma esa estrategia de evitar el rescate por todos los medios, reclamando la intervención del BCE.

“Es necesario que actuemos con urgencia para estabilizar los mercados financieros y para reducir las primas de riesgo. La única institución que tiene hoy la capacidad para asegurar estas condiciones de estabilidad y liquidez que necesitamos es el Banco Central Europeo. Y asegurar la estabilidad financiera es, en estos momentos, esencial para mostrar el compromiso de los Estados Miembros con la irreversibilidad de euro”.

Rajoy, en esa misma carta propone, para resolver la crisis en la que se encuentra en estos momentos el euro, una mayor unión fiscal y bancaria, y una cesión de soberanía, dos ideas que ya, en plena presión de Alemania para que aceptase el rescate, adelantó en las jornadas económicas de Sitges.

De cualquier forma, para Rajoy el problema es que ha dado tantas versiones de lo que, dramáticamente, ocurrió en el Eurogrupo, el pasado sábado, y de las consecuencias del rescate, casi todas ellas desmentidas horas más tarde por esos medios que ha comenzado a odiar (“The Wall Street Journal” “Financial Times”) que es difícil creerle, especialmente cuando niega la propia evidencia y se resiste a llamar a las cosas por su nombre, hasta el punto de presentarnos lo que es un rescate, con todo lo que eso significa de coste político, económico y de imagen para un país. Como si nos hubiera tocado el Euromillón.

Y no, no nos ha tocado el Euromillón, sino más sacrificios, más ajustes y, probablemente más impuestos, como ha reconocido hoy el vicepresidente del Parlamento Europeo y eurodiputado del PP, Alejo Vidal-Quadras, al afirmar que Bruselas “obligará” a España a subir el IVA, eliminar la desgravación por vivienda y adelgazar la Administración Pública… Y todo eso, en los próximos meses, antes de 2013.