No es una ayuda, es un rescate

El ministro de Economía y Competencia Luis de Guindos ha confirmado que el Gobierno español ha aceptado pedir la intervención de Europa para rescatar el sistema financiero español con una ayuda de hasta cien mil millones de euros (diez por ciento del PIB) en la que, en una primera impresión, no habrá ningún tipo de condicionamiento macroeconómico.

Aunque se desconocen las condiciones de esa ayuda económica que serán perfiladas en posteriores negociaciones, el ministro ha insistido en que no hay efectos colaterales para la ciudadanía sino, en todo caso para el sector bancario. Un argumento repetido en numerosas ocasiones para apoyar la tesis de que bajo ningún concepto estamos ante un rescate (palabra que se quiere evitar por todos los medios), sino ante un programa de ayuda muy beneficioso. No se entiende entonces por qué no se ha aceptado antes si tan beneficioso es eso para el país. Lo que no se quiere decir es que no es una ayuda sino un rescate en toda regla pero hecho a medida de España cuyas condiciones iremos conociendo probablemente los próximos días, o las próximas semanas con filtraciones del “Financial Times”, “The Wall Street Journal” o “Der Spigel” porque la realidad es otra de la que nos quieren vender.

La realidad es que Mariano Rajoy que comenzó su mandato en el mes de diciembre intentando imponer su propia agenda y su sentido del tiempo en Bruselas, tanto en la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado, -que los retrasó en un intento de ganar las elecciones andaluzas- como en el anuncio forzado de fijar sus propias cifras de déficit (5,8 por ciento), al margen de la Comisión Europea, invocando, además , nada más y nada menos, que la “soberanía nacional” , se ha visto forzado, cinco meses después, no solo a aceptar la Agenda que marca, sobre todo, Alemania y la canciller Merkel, sino que ha tenido que pedir algo a lo que se ha venido resistiendo desde su llegada a la Moncloa: el temido rescate para salvar el sector bancario, un sector, especialmente las deterioradas Cajas de Ahorro, podrido por el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Lo que intentó desesperadamente su antecesor, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero desde un primer aviso de intervención en mayo de 2011, cuando comenzaron a tomarse las primeras medidas de ajuste impuestas, por la troika y contra lo que ha venido luchando Rajoy, hasta el punto de negarlo sistemáticamente, (ver “Miedo y casi pánico al rescate”) se ha producido este sábado, después de numerosas presiones de Alemania, que ha maniobrado en todos los frentes (el último en Washington forzando la publicación del informe del Fondo Monetario Internacional sobre las necesidades del sector financiero español) para vencer el “orgullo español” sobre una petición de rescate, que pone a España casi al mismo nivel que Portugal, Irlanda y Grecia, aunque el rescate tenga otros matices.

Había que luchar contra la resistencia del presidente del Gobierno español a pedir el rescate y, también, sobre el manejo de los tiempos, teniendo en cuenta que el domingo día 17, están convocadas unas problemáticas elecciones en Grecia y no se quería que se uniesen el problema griego y el español, y, teniendo en cuenta, también, la tendencia natural de Mariano Rajoy a dejar pudrir los temas con su conocida teoría de que el tiempo lo arregla todo. En este caso, el tiempo era vital porque, como vienen sosteniendo los responsables del Banco Central Europeo , cuanto más se tarde en solucionar un problema de este tipo, más costosa es la solución y el rescate.

De este modo, negando la misma evidencia; presionado por Alemania que se negaba a dar la ayuda necesaria directamente a los Bancos sin pasar por la garantía de los Estados ; con una prima de riesgo al mismo nivel que, en su momento, llegaron Grecia Portugal e Irlanda, días antes del rescate; con un Banco Central Europeo cerrado a cualquier posibilidad de comprar Deuda pública española, y en una auténtica guerra de filtraciones, el Gobierno, atado de pies y manos, y con una falta absoluta de iniciativa política y diplomática, no tenía más remedio que claudicar, cediendo, una vez más ante Bruselas, y ante la tan defendida por Rajoy canciller Merkel, que ha vuelto, de nuevo, a imponer sus condiciones, mientras con la boca pequeña sigue alabando los esfuerzos de España por controlar su déficit con las reformas impuestas por Bruselas. Unas reformas, que han acentuado la entrada de la economía española, de nuevo, en la recesión, como se ha encargado de recordar hasta el presidente norteamericano Barak Obama, preocupado de que la crisis en la zona euro afecte a la economía norteamericana y a su reelección, el próximo mes de noviembre.

2 comentarios
  1. Odoacro says:

    Sr. Arias, me gustaría que en futuro artículo comentase usted qué responsabilidad tiene Occidente (Europa y los EEUU) en el conflicto ucraniano. A un colega suyo, creo que exembajador en Moscú, le oí comentar en la radio que esto no era sino un episodio más de la táctica de Occidente de meterle “el dedo en el ojo” a Rusia, cuyos episodios anteriores habrían sido, por ejemplo, la incorporación a la OTAN de paises del Pacto de Varsovia, e inclusos de repúblicas Bálticas, que en su día formaron parte de la URSS. Con ello, Occidente habría engañado a Rusia, ya que antes dio garantías verbales al incauto Gorbachov de que esto no ocurriría nunca. Espero sus siempre atinadas reflexiones.

  2. mozote says:

    Una vez más habla o escribe Inocencio Arias, el diplomático del PP, que en la Sede de la ONU en New York afirmó que ETA había sido la autora de los atentados del 11M en Madrid. Y esto lo dijo cuando en España y en el mundo entero ya se sabía que había sido Al Qaeda. ¡Qué ridículo más espantoso y vergonzoso!
    Sr. Arias, su palabra y/u opinión valen lo mismo que la de Aznar o la de mi perro.

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