El expolio de las Cajas de Ahorro

Hasta finales de este mes no se conocerá el verdadero agujero de Bankia, el último escándalo financiero nacional en el entramado de las Cajas de Ahorros, que ha obligado al Gobierno a entrar a saco en la entidad, cesando a su presidente, el todopoderoso Rodrigo Rato (que el año pasado, por su buena gestión económica de la entidad, recibió 2,3 millones de euros), nacionalizando la matriz, el Banco de Fomento y Ahorros (BFA) , y, provocando una nueva reforma del sistema financiero, la segunda en dos meses, y la cuarta en tres años. Recibidas todas con desconfianza y prevención en Europa.

Se desconoce cuánto va a costar al contribuyente la aventura de Bankia (la unión de CajaMadrid y Bancaja a la que se sumaron posteriormente seis pequeñas cajas de ahorros regionales para crear no un gran banco, sino todo un imperio inmobiliario, todo un homenaje al ladrillo), aunque son algunos los analistas que calculan que pueden superar los diez mil millones de euros y llegar incluso a los 30.000 mil, que viene a ser el resultado de gran parte de los ajustes que viene aplicando el Gobierno de Mariano Rajoy, desde su triunfo electoral el pasado mes de noviembre.

Bankia es el último escándalo que ha surgido en ese sector tan peculiar de las Cajas de Ahorro, donde han volado miles de millones de euros, millones que se han repartido como un auténtico botín entre militantes de todos los partidos políticos, dirigentes sindicales, supuestos representantes de los impositores, avispados dirigentes empresariales y sociales, y beneficiarios de los partidos políticos.

A estas alturas se desconoce a cuánto se eleva el total de las pensiones millonarias, seguros, dotaciones post empleo y fondos repartidos durante todo el proceso de fusión de las Cajas, aunque la cifra que va circulando entre los que han venido trabajando en ese sector e intentan aclarar lo que ha ocurrido, luchando incluso con la imposición de la Ley del Silencio, se aproxima bastante a los 8.500 millones de euros para disfrute de unos pocos cientos de privilegiados, a los que la crisis les ha colocado en un lugar en el que solo están los privilegiados.

La comparecencia esta semana de varios responsables de la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo) ante la Comisión de Investigación del Parlamento valenciano, proporciona una radiografía exacta de quienes han venido manejando el negocio de las Cajas. El vicepresidente primero de la CAM, Ángel Martínez, le ha echado la culpa a todo el equipo directivo. El vicepresidente segundo, Benito José Nemesio, ha reconocido que no tenía conocimientos profesionales y económicos para poder evaluar las operaciones crediticias. Otro de los vicepresidentes, Armando Sala, afirmaba que las actas del Consejo no se ajustaban a la realidad y el secretario del Consejo, José Forner, que era el encargado de redactarlas, recordó que el no tenía voto. Ninguno, que cobraban sus correspondientes dietas millonarias por sesión, pudo confirmar que se aprobara una asignación al presidente de la CAM, Modesto Crespo, una retribución retroactiva de 300.000 euros por presidir una empresa participada cuando las actas dicen que se aprobó por unanimidad.

Por su parte el expresidente de la CAM, Modesto Crespo, un concesionario de automóviles de lujo amigo del expresidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, ante la misma comisión de investigación insistió en que su cargo era simplemente institucional y no ejecutivo. Se ignora, a la vista de lo declarado por los otros altos cargos, cuáles eran las personas que según él “tenían la responsabilidad de llevar a buen puerto la Caja”.

El agujero de la CAM, según el Banco de Sabadell, que adquirió la entidad el pasado mes de diciembre, no era de 5.000 millones de euros, como había calculado en Banco de España, sino superior a los 17.000 millones de euros.

(Continuará)