YPF-Repsol: Mucho ruido y pocas nueces

Todos los grupos políticos, excepto el grupo de la “Izquierda Plural”, han mostrado su apoyo al Gobierno por su política respecto a la República Argentina, según se ha puesto de manifiesto en el pleno de la Comisión de Industria del Parlamento donde el titular Industria, Energía y Turismo José Manuel Soria, ha informado ampliamente de las vicisitudes, desplantes y enfrentamientos que se han producido durante los últimos meses con las autoridades argentinas y que han terminado, por el momento, con la expropiación, por parte de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, de YPF, la filial argentina, de la petrolera española Repsol.

El ministro Soria, que ha hecho un amplio relato de lo que ha ocurrido los últimos meses, especialmente desde que Repsol anunció el descubrimiento en el Sur del país, en Vaca Muerta, de uno de los yacimientos de gas más grandes del mundo y que en una primera aproximación se ha calculado en un valor de 14.000 millones de dólares, ha puesto de manifiesto el mal trato dispensado por las autoridades argentinas a las sucesivas delegaciones que han intentado resolver el contencioso con Repsol, el desprecio y los malos modos con los que han actuado los representantes y simples funcionarios argentinos y como todos los esfuerzos de conciliación han fracasado.

Lo que no ha querido explicar Soria es la falta de medidas, anunciadas solemnemente por él, y por el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo (solo hay que recordar el ultimátum del ministro de Industria desde Polonia donde se encontraba, con el presidente del Gobierno, anunciando precipitadamente en una grabación de urgencia realizada con el iphone de la secretaria de Estado de Comunicación Carmen Martínez Castro todo tipo de represalias), unas medidas que han desembocado solamente en la importación de biodesel, algo que perjudica más a España porque tendrá que pagarlo más caro que a Argentina que, prácticamente, lo tiene ya colocado en el mercado internacional.

Refugiado en que la administración de Cristina K puede tomar medidas contra empresas españolas, especialmente contra Telefónica, que ya tenido alguna muestra de presión, el Gobierno ha olvidado su discurso duro y ha optado por la conciliación, anunciado que su objetivo es llegar a un acuerdo en una negociación con Buenos Aires a la que se opone tajantemente el sector del gobierno conocido como “la Campera” (Máximo, el hijo de la Presidenta argentina y el cerebro de la operación, Axel Kicillof, el niño bonito de Cristina Fernández de Kirchner) que es el que se va a beneficiar política y económicamente de la expropiación.

Todo eso sin contar con los movimientos diplomáticos que está haciendo a nivel internacional y que esta indignando a las autoridades argentinas tanto o más, que si se hubiese producido una batería de represalias económicas y comerciales.

Es mas ni siquiera ha sido llamado a consultas el embajador de España en Buenos Aires, un gesto que hubiera estado en consonancia con esas primeras declaraciones de advertencia a Buenos Aires que al final, para regocijo de Cristina Fernández de Kirchner, ha quedado en nada. Nada de Nada… ¿Qué hubiera ocurrido si esto, todo esto, hubiera pasado con el Gobierno de socialista Rodríguez Zapatero y su débil y entreguista política exterior?

A estas alturas y, después de numerosas gestiones diplomáticas ante varios países y organismos internacionales, puede decirse que el Gobierno ha conseguido más apoyo en los grandes medios informativos internacionales, especialmente anglosajones, que en los más importantes foros que no han concretado ninguna medida o que en países que piensan que ese conflicto que enfrenta a dos países con unos fuertes lazos de amistad y cooperación, no va con ellos.

Gran parte de esa prensa, crítica con el régimen actual argentino, presentan la expropiación como un gran error estratégico, ya que la medida, en todo caso, la podían haber tomado cuando se hubiera invertido la mayoría del capital en la explotación del yacimiento de “Vaca Muerta” y no ahora. Un gran error pero, también, un gran negocio para un régimen como el de Cristina K que, según “The Wall Street Journal” gobierna con el chantaje como instrumento de eso que se conoce como “kichnerismo”, que no es sino “un modelo económico que enriquece a los amigos del gobierno, mientras conduce al país hacia la pobreza.