Consecuencias de un viaje Real disparatado

En las últimas veinticuatro horas, y a preguntas de los periodistas, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ha negado a confirmar públicamente la versión de la Casa Real, de que el Palacio de la Moncloa estaba perfectamente informado del viaje de don Juan Carlos a Botsuana, donde, en la madrugada del pasado viernes, se rompió una cadera en el campamento en el que se encontraba para practicar la caza del elefante.

Frente a la versión del Gobierno y del partido que lo sostiene, por boca de su portavoz, Carlos Floriano, de que el presidente se enteró del viaje a Botsuana, cuando la Casa Real le comunicó el accidente, en la mañana del viernes, con don Juan Carlos ya volando de regreso hacia Madrid, Zarzuela, que esperó la visita del presidente Rajoy a la Clínica el domingo para dar su versión, insiste en que el jefe del Gobierno conocía el viaje desde que, en el despacho que se produjo al principio de Semana Santa, se decidió que el lunes de Pascua no habría despacho oficial porque el Rey estaría fuera.

Entre ese “estar fuera”, y, conocer el lugar exacto donde iba a estar, el tiempo que iba a durar ese “estar fuera”, y el objetivo y el plan del viaje fuera, hay todo un mundo de matices que libera al presidente del Gobierno, en principio, y a falta de más datos de toda responsabilidad, en este triste episodio que ha provocado un auténtico terremoto político, en la peor situación económica y política del país, (la prima de riesgo ha alcanzado este lunes los 440 puntos, el récord desde la llegada del Partido Popular al poder y la crisis hispano-argentina larvada desde la semana pasada ha estallado con la expropiación de YPF por el gobierno de Buenos Aires), en el momento de más desconfianza de la ciudadanía en la clase política, y en el peor momento para la Monarquía en pleno escándalo Urdangarin, algo que ha supuesto un antes y un después para la Institución.

En el caso de que el presidente del Gobierno hubiera estado informado puntualmente de todos los extremos de ese “viaje privado” o excursión de caza, como sostiene la Casa Real, Mariano Rajoy debería haber aconsejado a don Juan Carlos sobre la inoportunidad e irresponsabilidad de un desplazamiento que no era el más adecuado dadas las circunstancias políticas y económicas del país, de las penalidades de millones de ciudadanos que están sufriendo las consecuencias más duras de la crisis y de los ajustes y del ejemplo que eso supone para las familias que tienen a todos sus miembros en paro y, en una situación auténticamente desesperada.

Si de algo debería servir este desgraciado suceso que, como un terremoto ha sacudido a la Monarquía (debió servir ya en 1991, cuando un imprevisto viaje a Suiza desconocido por el Gobierno produjo retrasos y, efectos colaterales, en el nombramiento de Javier Solana como ministro de Asuntos Exteriores), es para regular los viajes privados del Rey, sobre todo, los que se realicen fuera del territorio nacional, unos viajes que tienen que ser conocidos con anterioridad por el Jefe del Gobierno que, además, debería tener capacidad de veto en el caso de que pudieran afectar a la seguridad, a la salud del Jefe del Estado, al prestigio de la Corona o, a la ejemplaridad de la Institución.

Frente a quienes han aprovechado este triste episodio, -en el que tienen gran parte de responsabilidad los miembros de su Casa que están ahí para velar, entre otras cosas, por la continuidad de la Monarquía- para plantear la abdicación del Monarca. Se ha producido todo un movimiento ciudadano de sentido común, estimulado por los propios partidos políticos, que cree que, por una larga trayectoria y por la propia estabilidad política del país, que eso, forma parte del aventurerismo político. Sería lo peor que le podría pasar a este país en las circunstancias criticas que está viviendo…

Una cosa es pedir todo tipo de explicaciones sobre las circunstancias y detalles del desdichado viaje (incluidos sus participantes) y admitir una disculpa del Monarca, y otra, como muchos pretenden, exigir, en cierto modo, la dimisión del Rey con su abdicación.

Tendrá que explicarse muchas cosas y pedir disculpas por un comportamiento que no puede calificarse precisamente de ejemplar. Pero de ahí, a plantear una abdicación o un cambio de Régimen como quieren algunos…hay mucho camino por recorrer…