Una huelga más general de lo que se esperaba

Si el objetivo de los sindicatos era paralizar el país, en la huelga general de este jueves contra la reforma laboral, la verdad es que no lo han conseguido, aunque sus datos hablen de un paro por encima del 77 por ciento en todo el país, con la paralización de industrias claves como la del automóvil, grandes polígonos industriales, la totalidad de los puertos, y la construcción , al tiempo que ha sido parcial la adhesión a la huelga del sector servicios, la enseñanza, la sanidad, el sector de la distribución y el pequeño comercio, probablemente el más afectado por la acción de los llamados piquetes informativos. De todas formas, más de lo que se esperaba.

Si al otro lado de la trinchera, el Gobierno apostaba a un fracaso total de los sindicatos, por una convocatoria precipitada e inoportuna por la situación crítica que vive el país y por la desconfianza con la que Europa contempla la evolución de los acontecimientos en nuestro país (la Bolsa, por octavo día consecutivo ha vuelto a bajar, y la prima de riesgo, ha vuelto a subir colocándose en los 365 puntos, mientras siguen los malos augurios sobre futuros e hipotéticos rescates), la apuesta ha fracasado porque la movilización de este jueves ha sido similar a la de la huelga general contra la reforma laboral del gobierno de Rodríguez Zapatero en septiembre de 2010, aunque todo el interés informativo gubernamental, en un auténtico caos y falta de coordinación oficial, ha sido puesto en que el efecto de la convocatoria ha sido menor (por el consumo de energía eléctrica, algo que depende de la hora en que se produzca la comparación) que el paro del 2010. En resumen: una huelga similar a la que vivió Zapatero hace dos años, y de menor calado que la que tuvo que hacer frente José María Aznar para protestar contra la reforma del seguro de desempleo.

Probablemente, para minimizar el impacto de la jornada, quien se ha encargado de dar la cara en nombre del Gobierno (¿qué hacia la secretaria de Estado de Comunicación Carmen Martínez Castro de guardia enclaustrada en el Palacio de la Moncloa? ¿Qué hacia la Ministra de Empleo Fátima Báñez, la que más grita en el Parlamento, compareciendo fugazmente y, desapareciendo de escena durante toda la jornada?), ha sido la directora general de Política Interior del Ministerio de Jorge Fernández Díaz, Cristina Díaz, que se ha limitado a leer unos datos parciales, dispersos y nada valorativos , que le habían escrito de antemano , y eso sí, sin admitir ningún tipo de preguntas, para conocer la opinión del Gobierno sobre las consecuencias que puede tener el paro y, sobre todo, las movilizaciones de miles y miles de ciudadanos en más de medio centenar de ciudades de toda España en una protesta que ha alcanzado una mayor intensidad que todas las convocatorias anteriores.

Con mucha más presencia policial que en anteriores huelgas generales, con más contundencia que en otras ocasiones, probablemente porque grupos aislados, especialmente en Barcelona, donde proliferan los antisistema, han actuado con más violencia que en otros movilizaciones, en un intento de que la imagen fuera, se parezca lo más posible a Grecia (una bandera de Grecia ha presidido muchos actos en la Ciudad Condal) con quema de contenedores, asaltos a tiendas, destrozos de cristales en sucursales bancarias, y barricadas en verdaderas escenas de guerrilla urbana o “kale borroka”.

Al final, el peor balance de todos: 58 policías heridos, frente a sesenta manifestantes y casi doscientos detenidos.