La huelga general y la de los “invisibles”

En medio de un no disimulado optimismo por la recuperación del gobierno en el Principado de Asturias; por la que parece un comienzo de consolidación de un pacto de PSOE e Izquierda Unida en Andalucía y por el sueño de que sea posible reconsiderar el acuerdo de Izquierda Unida con el Partido Popular para que el gobierno de Extremadura vuelva a manos socialistas, la Izquierda se prepara para hacer frente a la primera huelga general, que tendrá que afrontar este jueves el Gobierno de Mariano Rajoy, cuando, todavía no ha cumplido sus primeros cien días de mandato, y cuando más saltan las alarmas de los peligros que acechan a la economía española.

Con España en plena recesión según el Banco de España, y en el punto de mira de los inversores, con un Ibex que ha vuelto a ser el mercado más castigado entre las principales Bolsas europeas (ha perdido el 1,96%, con lo que acumula una caída del 7,11% en siete sesiones consecutivas ‘en rojo’, y marca mínimos desde noviembre por debajo de los 8.000 puntos); con malas perspectivas por la posibilidad de que haya que acudir a los fondos de rescate para hacer frente a la reforma financiera , y con una creciente desconfianza sobre la deuda pública española, que algunos analistas (entre ellos el economista jefe de Citigroup ), ya han comenzado a decir que tiene que ser reestructurada, la huelga de este jueves, no es la mejor noticia ni para afrontar la actual crisis económica, ni para los mercados, ni por supuesto, para un Gobierno , que ha hecho de la reforma laboral, que no piensa cambiar a pesar de todas las movilizaciones, el principal banderín reformista de cara a una Europa que parece no terminar de fiarse ni del Gobierno ni del país.

¿Para qué sirve entonces, esta huelga general, la octava de la reciente historia democrática, que comienza en la madrugada de este jueves, con la movilización de los “piquetes informativos”, y cuyo principal objetivo es paralizar el transporte público y los servicios esenciales mínimos para que el paro tenga éxito?

Sirve solo de advertencia al Gobierno, de una especie de voto de castigo por las medidas de ajustes, de protesta por una reforma del mercado de trabajo, impuesta por Europa y que ni siquiera se ha intentado negociar con los sindicatos, de desgaste de un Gobierno que ya ha comenzado a perder apoyos electorales, de gesto de muchos de los “indignados” con la situación…

La de este jueves es, sin duda una huelga general precipitada e inoportuna, según reflejan las encuestas que indican que hasta un 67 por ciento de la ciudadanía, aún estando en contra de la reforma laboral que la consideran injusta y que no va a servir para crear empleo a corto o medio plazo, sostienen que la convocatoria es inoportuna e, incluso perjudicial para la economía del país.

Probablemente, los sindicatos que no han querido esperar al desarrollo del proyecto de ley en el Parlamento, ni al resultado de las enmiendas que se tienen que presentar, han pensado más al convocarla, en las elecciones en Andalucía, donde se han reflejado ya los primeros síntomas del desgaste de la política económica de los ajustes que en un pulso que iban a ganar con la retirada del Decreto-Ley.

Tan grave como la huelga o más, va a ser el cómo se desarrollen las manifestaciones en las calles en la tarde-noche del jueves, donde hará su aparición lo que el movimiento de los “indignados” llaman integrantes de la “huelga invisible”.

Con la tasa de paro más alta del mundo desarrollado -23% de parados, 50% en el caso de los menores de treinta años – existe una gran masa invisible de personas viviendo en una situación precaria -estudiantes, trabajadores temporales, amenazados de desahucios, inmigrantes y ancianos- que busca la forma de participar activamente e incrementar las posibilidades políticas de la huelga. En cómo se desarrollen esas movilizaciones va a estar la clave del balance que haya que hacer al final de la jornada…