Andalucía planta cara a Rajoy

Andalucía, de nuevo, después de treinta años, ha vuelto a convertirse en el último baluarte del PSOE y, desde donde el nuevo secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba, apoyado por el presidente del partido José Antonio Griñán, iniciara una lenta y difícil recuperación de ese poder que han venido perdiendo desde las autonómicas y municipales del mes de mayo y las generales del pasado 20 de Noviembre.

Cuando todas las encuestas daban a Javier Arenas, en su cuarto intento, ganador por mayoría absoluta en Andalucía: cuando más intenso era el desgaste de gobierno de la Junta de Andalucía; cuando, después de treinta años en el poder, los casos de corrupción se han venido multiplicando hasta tal punto que sus tentáculos han estado a punto de alcanzar a los más altos responsables políticos de la Comunidad en vergonzosas historias adobadas de consumo de cocaína en medio de ese reparto arbitrario de fondos públicos en el sorprendente escándalos de los EREs; cuando más inevitable parecía el cambio después de que el Partido Popular en solo unos meses haya desalojado a los socialistas de la mayoría de las Comunidades Autónomas y de más de tres mil ayuntamientos de toda España, ese cambio se ha producido.

Pero no en el sentido anunciado, sino en el sentido inesperado. Un cambio hacia la izquierda con la segura formación de un gobierno del PSOE e Izquierda Unida con Griñán de presidente, desde el que ejercerá la más dura oposición al actual Gobierno y, sobre todo a su política de ajustes.

Si este fin de semana el periódico “The Wall Street Journal”, la Biblia del mundo económico, concedía una importancia capital a las elecciones andaluzas en tanto que suponían, según su análisis, la primera prueba para validar las medidas de austeridad que viene tomando el Gobierno de Mariano Rajoy, cuando de nuevo, se cierne la tormenta económica sobre nuestro país, los resultados de este domingo significan, según se han encargado los socialistas de recordar durante toda la campaña electoral, el triunfo de una dura oposición a esos ajustes que se acentuarán a partir del próximo día 30 de marzo cuando se presenten los Presupuestos Generales del Estado.

Las elecciones del domingo, no solo han salvado a José Antonio Griñán, que seguirá siendo presidente de Andalucía, secretario general del partido en la Comunidad y presidente del PSOE, (con una notable fuerza dentro del partido) sino a Pérez Rubalcaba que, con el triunfo en Asturias, aunque no pueda gobernar, está en condiciones de iniciar una cierta recuperación que hace solo unos días parecía imposible.

Igualmente, las elecciones del domingo, a pesar de la victoria, la primera victoria del Partido Popular en Andalucía, suponen el final de Javier Arenas como líder popular en una Comunidad en la que ha intentado en cuatro ocasiones, llegar al poder, sin conseguirlo y un duro varapalo a Mariano Rajoy que ha visto como solo en unos meses, desde las últimas generales, ha perdido más medio millón de votos (180.000 menos que en las autonómicas del 2008) en una Comunidad decisiva para sus planes.

El Partido Popular ha ganado en Andalucía pero no podrá gobernar igual que el PSOE que ha ganado en Asturias, no podrá formar gobierno en el Principado donde lo más probable es un nuevo Gobierno (que dependerá del carácter variable de Cascos) del Foro, con el apoyo de su antiguo partido, un Partido Popular que no acaba de resolver su crisis y que sigue dependiendo de su antiguo secretario general.