La Pepa como justificación…

Este lunes Cádiz ha olvidado por un momento la marginación que sufre, el paro con el que convive, uno de los más altos de España y que supera el treinta por ciento, y los índices de pobreza que la sitúan a la cabeza de Andalucía y del país, y, se ha lanzado a la calle para celebrar el Bicentenario de la Constitución de 1812, bautizada como la Pepa porque fue aprobada el día de San José.

El gaditano, escéptico, burlón, liberal auténtico, no como los de ahora de nuevo cuño, sino como los de antes, amante del surrealismo y capaz de reírse y hacer broma de lo más sagrado, se ha tomado el Bicentenario como algo propio, como un homenaje a esa libertad que consiguieron sus antepasados cuando eran solo ellos los que combatían contra Napoleón y luchaban por un Rey que al final se comportó como un felón, y han contemplado todos los actos oficiales que se han celebrado en su hermosa ciudad, con el escepticismo, la sabiduría y, la distancia que suponen siglos de historia.

Ellos saben que la Constitución del 12, es la primera Constitución democrática que ha existido en España y que es como la Constitución de 1776 para Estados Unidos o, como la Constitución de 1876 para los franceses.

Redactada en plena guerra de la independencia, reconoce por primera vez el carácter de ciudadano y no de súbdito de los españoles, limita los poderes de la Monarquía, diseña una España centralista, habla de derechos humanos y termina con la Inquisición, aunque el poder de la iglesia es tal que se reconoce que la única religión en España es la católica, apostólica y romana.

Con la Constitución de 1812, España ponía fin al Antiguo Régimen, sustituyéndolo por un Estado Liberal, manteniendo la Monarquía como forma de Estado, pero limitada a las atribuciones que le reconocía la Constitución. España se convertía en una Nación en la que se reunían los españoles de la Península y América (se consideraba la Nación española como la unión de todos los españoles de ambos hemisferios) y, la soberanía, en contra del modelo absolutista, residía en la Nación representada por diputados en las Cortes.

En definitiva, con la Constitución de 1812 triunfaba la revolución liberal en España, se establecía la separación de poderes, se reformaba la Administración del Estado con una nueva división de España en provincias, se liquidaba el orden estamental y se introducían medidas de libertad económica…

Lo que, probablemente, los gaditanos no sabían era que el Bicentenario iba a ser aprovechado como punto de referencia parca hacer frente a una crisis económica que ellos conocen muy bien, recurriendo a la Pepa para justificar unas polémicas reformas económicas.

Ante unos gaditanos alegres y desconfiados, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy ha aprovechado este Bicentenario para tomarlo de referencia en cuanto significa de ejemplo de lucha, en esta ocasión, contra una crisis económica de la que Cádiz es un ejemplo vivo en cuanto a paro, a marginación social, a pobreza y a falta de oportunidades por la ausencia de cualquier tipo de industria.

“Los constitucionalistas gaditanos -han oído de boca de Rajoy- nos enseñaron que en tiempo de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas, y hoy, como entonces, el cambio es la reforma”, ha proclamado el presidente del Gobierno recordando la propia campaña del PP en Andalucía para las elecciones del domingo.

Quizás lo más significativo, en estos momentos de preocupación para la Monarquía, sea el homenaje que ha recibido don Juan Carlos por parte de todos los intervinientes especialmente de los presidentes del Gobierno, del Congreso y del Senado que han venido a reconocer su papel de monarca constitucional y como piedra angular del nuevo edificio constitucional”, que “llevó a que el poder se traspasase del monarca a la nación, pero a diferencia de otras Constituciones, reconoció la figura de la monarquía, refrendada en la Constitución de 1978 y que hoy está más viva que nunca”.