Rajoy, el déficit, la soberanía y el rescate

El Gobierno español ha recibido la imposición de la nueva cifra de déficit del 5,5 por ciento del PIB, impuesta por el Eurogrupo, frente a la que Rajoy anunció en Bruselas , sin negociarla con la Comisión, con preocupación, por si en los próximos meses hay sanciones, de acuerdo con el Pacto Fiscal y de Austeridad, firmado por los 26, entre ellos España, aunque oficialmente, los mismos que, desde Moncloa, sostuvieron que el anuncio de Rajoy estaba pactado de antemano, quieren presentarla como un éxito de la diplomacia española.

Eso, por lo menos, es lo que ha vendido el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo (mucho más imprudente que el ministro de Economía De Guindos que no ha querido hablar ni de victoria ni de derrota) al asegurar que “el Gobierno español ha ganado la batalla “, ya que nos han concedido lo máximo que se podía conceder -y, eso porque España ha hecho las reformas necesarias -, intentando convertir ese ajuste de 5.000 millones de más, a sumar a los 30.000 previstos, en algo positivo, cuando constituye un nuevo gravamen para una economía en recesión como la española, que si era difícil que cumpliera con el 5,8 por ciento, llegar al 5,3, como exige Bruselas, va a ser misión imposible, como imposible será terminar el 2013, en el tres por ciento, según el Plan de Estabilidad.

Ningún analista puede asumir que un país como España, que parte de un déficit, en el año 2011, de un 8,51 por ciento, pueda terminar en el 2013 con un tres por ciento. Cinco puntos y medio supone un ajuste de más de 55.000 millones de euros en dos años, una meta imposible de alcanzar con una economía que ha entrado en recesión y que sólo experimentará una cierta recuperación, según los más optimistas, al comienzo del año que viene.

Esa reducción de déficit tan radical solamente se ha producido en países como Grecia, Irlanda o Portugal, los tres han tenido que ser rescatados y, los tres se encuentran sumidos en una profunda recesión.

Según se deduce de la información de los grandes medios informativos internacionales, especialmente de los periódicos económicos de referencia (“Financial Times”, “The Wall Street Journal” o de agencias informativas como Bloomberg), el malestar que existía en Bruselas contra España y contra Rajoy, por anunciar ese 5,8 por ciento de déficit, sin informar previamente a la Comisión Europea, en un gesto presentado como un “acto de soberanía”, ha sido compensado por la solidaridad de algunos países con España.

Es el caso del ministro trancés, François Barioin, que en la reunión del Eurogrupo calificó de “corajudo” al nuevo Gobierno español que merece, además, dijo, el mayor de los apoyos. O el ministro irlandés de Economía, Michael Noonan, que defendió la tesis de que el nuevo Gobierno de España se merece cierta flexibilidad dado el déficit del que parte y teniendo en cuenta sus datos de crecimiento.

Lo peor para España es que su declaración unilateral de un nuevo objetivo de déficit ha sido considerada como el primer gran test de la capacidad de Bruselas para asegurarse que los países mantienen la disciplina presupuestaria, que todos los países luchan por ser iguales, sin importar el tamaño, y que no existe una situación de privilegio, como dicen los húngaros sancionados por no cumplir los objetivos de déficit, para un país grande como España, que tras el encauzamiento de la crisis griega, es el que en más peligro puede poner a la moneda única europea.