Primera víctima del “escándalo Urdangarin”

El “escándalo Urdangarin” se ha cobrado la primera víctima con el próximo cese, programado para el mes de marzo, de Ramón Iribarren, como responsable del departamento de comunicación del Palacio de la Zarzuela y, su substitución por Javier Ayuso, un experto en comunicación económica, que ha llevado la imagen de la antigua Argentaria, del BBVA y, de su presidente, Francisco González.

Tras la salida forzosa del staff de la Casa Real de Carlos García Revenga, secretario privado de las Infantas Cristina y Elena, implicado en los manejos seudo empresariales del yerno del Rey, hasta el punto que le sirvió de tapadera desde su puesto en el Palacio de la Zarzuela en sus primeros negocios, bajo la tapadera de la empresa “Oxctagon Esedos”, se produce ahora la salida del responsable de comunicación de la Casa, Ramón Iribarren, un hombre que no contaba con la confianza del nuevo Jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno, ya que formaba parte del equipo que dirigía el anterior Jefe, el diplomático Alberto Aza, y que injustamente, se ha convertido en la primera víctima del escándalo Urdangarin, un escándalo que ha supuesto el mayor desgaste de la Monarquía desde la jura de Don Juan Carlos como Rey a la muerte del General Franco, que todavía no está cerrado y que, en las próximas semanas, cuando comiencen los interrogatorios del yerno del Rey y de su socio Diego Torres, en el Instituto Nóos, volverá a ocupar los principales espacios informativos, especialmente en las televisiones.

En cierto modo, el destino de Iribarren estaba decidido desde el pasado mes de diciembre, cuando, en pleno escándalo y, desbordada la Zarzuela por las noticias y por las presiones de los medios, desde la oficina de prensa que él dirige, y de la que saldrá en el mes de marzo, en un intento de salvar la cara de la Infanta Cristina, esposa de Iñaki Urdangarin, se contribuyó al error de creer que, con la progresiva reducción de actos oficiales a los que tendrían que asistir las Infantas en el futuro, solo formarían parte de la Familia Real, los Reyes, los príncipes de Asturias y sus hijas, las Infantas Leonor y Sofía”, con lo que, en cierto modo, se castigaba, indirectamente, a la infanta Elena que no tenía ningún tipo de vinculación con el escándalo.

Ante los rumores y especulaciones de una renuncia de la infanta Cristina a sus derechos de sucesión a la Corona, desde el departamento de comunicación, en un deseo de alejar lo más posible a la hija del Rey del escándalo, se tenía que rectificar y se hacía pública una nota oficial en la que se recordaba que la composición de la Familia Real española viene definida en el Real Decreto 2917/1981, de 27 de noviembre, por el que se establece el Registro Civil de la Familia Real y aclaraba que las informaciones y comentarios que, desde esa unidad de comunicación, se efectuaron a algunos medios sobre el número de actividades oficiales realizadas en los últimos años por los diferentes componentes de la Familia Real, nada tienen que ver con su pertenencia a la misma.

Según ese comunicado oficial, la reducción en el número de sus actividades oficiales representando a la Corona “nada tiene que ver” con la composición de la Familia Real, que está regulada por el Real Decreto 2917/1981, de 27 noviembre, que establece el Registro Civil de la Familia, donde se inscriben “los nacimientos, matrimonios y defunciones, así como cualquier otro hecho o acto inscribible con arreglo a la legislación sobre Registro Civil que afecten al Rey de España, su Augusta Consorte, sus ascendentes de primer grado, sus descendientes y al Príncipe heredero de la Corona”.

Todo un lío que le ha costado la cabeza a Ramón Iribarren, un buen profesional de la información que acaba de cumplir dos años en el puesto, que ha desempeñado importantes cargos en el exterior (en la embajada de España en Buenos Aires y en la de Rabat), que ha pasado por organismos financieros como el ICO (Instituto de Crédito Oficial) así como por instituciones tan sensibles como el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) en la etapa de Jorge Dezcallar.

Es más, su nombramiento en enero de 2010, fue interpretado como un primer paso para que desembarcara en la Zarzuela, en substitución de Alberto Aza, Jefe de la Casa Real, el antiguo director del CNI, y actual embajador en Washington Jorge Dezcallar.

Al final, la tormenta que se ha desencadenado sobre el Palacio de la Zarzuela por el escándalo de los negocios del yerno real, la falta de coordinación sobre la respuesta que había que dar a la prensa, las diferencias surgidas dentro del equipo del nuevo jefe de la Casa, el diplomático Rafael Spottorno, la división existente dentro de la propia Familia Real sobre el mismo escándalo, la presión de los medios y la negativa del propio Urdangarin a seguir ningún tipo de instrucción o sugerencia emanada de la Casa, han convertido la actuación del yerno del Rey, en un auténtico problema que tendrá inevitables derivaciones políticas y penales. Porque, según todos los datos, esto no ha hecho nada más que empezar.

1 comentario
  1. librejav says:

    Sr Manzanares.

    No soy jurista. Ni tengo ni idea de derecho, pero no me diga que resulta cómico que la doctrina esgrimida para mandar a la infanta al banquillo haya sido la doctrina Atutxa. Una doctrina, Atutxa, diseñada ad-hoc por lo mas ultra del tribunal supremo en tiempos de aznar.

    Que haya sido la argumentaron del procesamiento de Atutxa la doctrina valida para arrastrar a la infanta a los banquillos y a la familia real por el barro es gratificante para todo liberal republicano que asume la realidad plurinacional del estado !

    Felicite de mi parte a los que construyeron la sentencia Atutxa !

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