“Rubalcabismo” por encima de integración

El nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha cerrado su equipo de colaboradores con la propuesta que ha hecho al grupo parlamentario socialista, para que elijan a la diputada por Valladolid, Soraya Rodríguez, una mujer de la total confianza de la número dos del partido, Elena Valenciano, portavoz del grupo socialista, y a Eduardo Madina, el candidato que no se atrevió a presentarse como tercera vía frente a Rubalcaba y Chacón, como secretario del grupo.

Cuando todavía no se han acallado las voces que acusan al nuevo secretario general de falta de integración, especialmente de los partidarios de Carme Chacón, que en algún momento, creyeron a instancias de la candidata que la integración sería del 48 por ciento, el mismo porcentaje que obtuvo la candidatura de la exministra de Defensa, Rubalcaba se ha limitado a formar un equipo coherente, sin fisuras, sin ningún tipo de representación territorial o generacional, totalmente leal, con el que ha trabajado, con el que se entiende y que no le planteara ningún tipo de problema.

Aunque durante en el Congreso, Rubalcaba anunció que no quería hacer “rubalcabismo”, lo ha hecho en la formación de la Ejecutiva Federal, donde, efectivamente, se ha producido poca integración, o integración forzada (caso de Griñán nombrado presidente “provisional” del partido de cara a las elecciones andaluzas del 25 de marzo o la incorporación de dos vocales del PSC como José Zaragoza y Esperanza Esteve) y en la dirección del grupo parlamentario donde lo primero que ha hecho es prescindir del portavoz, José Antonio Alonso, el amigo y hombre de toda confianza del expresidente del Gobierno Rodríguez Zapatero.

En este sentido ha hecho “rubalcabismo” a medias, ya que ha dejado que fuera su mano derecha, la número dos del partido Elena Valenciano, amiga de Soraya Rodríguez, antigua secretaria de Estado de Cooperación, la que decidiese quien tenía que substituir a Alonso en el delicado puesto de portavoz.

Ha podido más el interés de enfrentar a Soraya Rodríguez, con la otra Soraya, -la también vallisoletana vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz Santamaría- en las sesiones de control al Gobierno, igual que, en su momento, se enfrentaron, con gran éxito de crítica y público, la actual vicepresidenta, con la exvicepresidenta socialista María Teresa Fernández de la Vega, que recurrir a un peso pesado como Ramón Jáuregui, uno de los parlamentarios más brillantes con los que cuenta en estos momentos el grupo parlamentario del PSOE.

Es verdad que el peso pesado de la oposición, y el que visualizará esa oposición, va a seguir siendo Alfredo Pérez Rubalcaba (su estreno se producirá este miércoles en la primera sesión de control de Mariano Rajoy) y que la labor de la portavoz va a pasar a un segundo plano, un plano en el que va a influir más su capacidad de entendimiento y pacto con el resto de las fuerzas políticas, que su hasta ahora, desconocida facilidad oratoria.

De cualquier forma, sorprende que de nuevo, Ramón Jáuregui, ministro de la Presidencia con Zapatero por influencia precisamente de Rubalcaba, que se lo quiso traer del “exilio” del Parlamento Europeo, haya quedado marginado y ni siquiera haya entrado a formar parte de la Ejecutiva Federal.

A menos que el nuevo secretario general esté pensando en él en destinos mucho más importantes.