Tensión en el PP por el futuro de Camps

La sentencia del jurado popular, que no ha encontrado pruebas suficientes como para condenar al expresidente de la Comunidad Valenciana Francisco Camps por cinco votos contra cuatro, de que haya recibido trajes de regalo de la “trama Gürtel”, abre una incógnita sobre el futuro político del expresidente de la Generalitat Valenciana que dimitió del cargo meses después de ser reelegido en las urnas, negándose, como dos de sus colaboradores, a reconocerse culpable de haber recibido regalos, con lo que hubiera tenido que pagar una simple multa.

Frente a quienes piensan e, incluso defienden, una vuelta de Camps a la Presidencia de la Generalitat con la salida de ese cargo de su sucesor Alberto Fabra, amigos y colaboradores del expresidente sostienen que la vuelta de Camps es imposible y que su vida política en la Comunidad, a pesar de haber sido reelegido por el ochenta por ciento del electorado, está terminada. Sobre todo, por el estado de ruina en el que ha dejado una de las comunidades más prósperas del país, hasta el punto que ha tenido que ser rescatada por el gobierno central.

La alegría con la que se ha gobernado durante su mandato, la obsesión por los grandes proyectos (Formula 1, Copa América, fantasiosos juegos europeos cobrados de antemano por el yerno del Rey Iñaki Urdangarin, aunque nunca llegaron a realizarse y, sobre los que tendrá que responder también ante los Tribunales, megaproyectos millonarios…) han llevado a la comunidad a una situación de quiebra técnica de la que intenta sacarla un Alberto Fabra que jamás pensó encontrarse ante una ruina tan profunda y que condicionará su labor como presidente durante muchos años.

En estos meses, a pesar de las dificultades, Fabra, -que no tiene ningún parentesco con el expresidente de la Diputación de Castellón, el del fantasmagórico aeropuerto invadido por una plaga de conejos y, sin aviones- se ha asentado en el sillón de presidente, aunque, esos mismos que quieren la vuelta de Camps le achacan la poca influencia que el PP local tiene en Génova y el desprecio que supone que ningún valenciano haya sido llamado para formar parte del primer gobierno de Mariano Rajoy.

Es posible que algunos de estos “campistas” intenten dar la batalla en el Congreso del partido que está convocado para el mes de abril y, pretendan medir la fuerza del “campismo” frente al nuevo aparato que goza de todo el apoyo de la calle Génova, sobre todo de Rajoy que este jueves no ha querido pronunciarse sobre el futuro de uno de los barones que más le apoyó cuando perdió las elecciones generales de 2008.

Sin embargo, es posible que en el Congreso nacional del partido que se celebrará en Sevilla en febrero, antes de las elecciones autonómicas andaluzas, es posible que esté resuelto el destino de Camps.

Uno de sus principales consejeros, el actual presidente de las Cortes Valencianas, Vicente Cotino, que ha estado a su lado desde el principio y que ha ejercido de asesor psicológico y religioso, le ha recomendado que se aleje de la política y tome un año sabático, algo que parece que Camps no parece dispuesto a tener en cuenta, crecido como está, por una sentencia que le rehabilita aunque es posible que tenga que responder ante los Tribunales por otros casos relacionados con la “trama Gürtel”, con la financiación del partido y, con la forma de manejar el dinero público en el “caso Urdangarin”

Tal como están las cosas, lo más probable es que Rajoy intente colocarlo en la sede central del partido, en la calle Génova, ya que el partido ha quedado desguarnecido con el paso de muchos dirigentes al nuevo Gobierno Popular. Otra posibilidad es su nombramiento como embajador en una importante sede diplomática en el exterior Se ignora si Camps aceptará un puesto de este tipo ya que lo que el desea es una rehabilitación política y no un simple puesto burocrático.

De cualquier modo, la sentencia de la que todavía no se conoce todos sus extremos, especialmente los motivos por los que cinco de los miembros del jurado han rechazado y valorado todas las pruebas presentadas a lo largo de más de un mes de juicio, ha producido todo tipo de reacciones e, incluso, manifestaciones públicas a favor y en contra.

Dentro del Partido Popular, aun contentos por la sentencia, la realidad es que aumenta la tensión por el futuro de Camps, por las exigencias políticas de parte de su entorno, por los intentos de utilizar la sentencia en contra del actual presidente.

Después de todos los problemas que durante estos años ha causado Camps al PP, la sentencia, en vez de cerrar viejas heridas puede contribuir, aún más, a dividir un partido cuyos principales dirigentes, salvo excepciones, en una comunidad castigada por la corrupción, tendrán que comparecer ante la justicia por casos de cohecho, tráfico de influencias, prevaricación, desvío de fondos públicos, o Administración fraudulenta.