La nueva cara de Rajoy en Marruecos

Entre el Rajoy que hace poco más de un año hacía la gran defensa de los derechos humanos para el pueblo del Sahara tras los graves incidentes en El Aiún en los que, según él, el gobierno de Rodríguez Zapatero, había renunciado a sus principios y había abdicado de su política, y el Rajoy que, este miércoles, ha visitado oficialmente el Reino de Marruecos, como primera visita de su mandato presidencial, según la costumbre de la diplomacia española, hay todo un mundo de matices.

Unos matices que afectan a los políticos de los dos países que han intentado superar antiguos enfrentamientos, antiguas descalificaciones y que, en esta ocasión, han querido aparcar todo lo que, históricamente, ha enfrentado a Madrid y Rabat, para abordar, sobre todo, temas económicos bilaterales.

Rajoy, no ha contado, precisamente, con la simpatía de Rabat durante sus años en la oposición, en parte, porque era heredero de José María Aznar de Perejil, y en pleno conflicto por los incidentes de El Aiún, en noviembre de 2010, fue acusado por el primer ministro Abas El Fasi de atentar contra la integridad de Marruecos (era cuando el vicesecretario general del PP Esteban González Pons se manifestaba junto con Pilar Bardem y Willy Toledo a favor del pueblo saharaui).

Pero es que, además, fue calificado por las autoridades marroquíes en nota oficial de “provocador” y de atentar contra la dignidad y el sentimiento nacional cuando visitó oficialmente Melilla, en pleno conflicto policial en la frontera con el país vecino.

Sin embargo, en esta ocasión, a pesar de que el Sahara continúa siendo el principal escollo en las relaciones entre los dos países, junto con las plazas de soberanía de Ceuta y Melilla, que Rabat maneja a su antojo para utilizarlas como medios de presión, se ha procurado por ambas partes olvidar todo tipo de contencioso y elaborar una agenda bilateral totalmente alejada de los conflictos.

Es más Rajoy, que es el primer dirigente europeo que visita el país tras los cambios producidos en el país magrebí y, también, tras el nombramiento del primer ministro el “islamista” Abdellilá Benkiran, vencedor en las últimas elecciones, ha tenido la generosidad de alabar los pasos dados por Mohamed VI, -que ha tenido con él, un trato especialmente cordial y exquisito- a favor de una progresiva democratización del Régimen, democratización que, con la reciente reforma de la Constitución, ha impedido que el país no haya caído, a pesar de las protestas que todavía se siguen produciendo, en la órbita de las revoluciones árabes como en Túnez, Libia o Egipto.

Una visita de cortesía en la que se han olvidado antiguas descalificaciones y que ha girado sobre todo, en torno a los proyectos de cooperación, la inmigración, los temas de seguridad en una zona del Mediterráneo especialmente sensible, las posibilidades de negocio para miles de empresas españolas además de las más de quinientas, que actualmente están ya instaladas, y la normalización de una relaciones pesqueras interrumpidas por la decisión del Parlamento Europeo de suspender su acuerdo con Rabat por entender que los saharauis no son los beneficiarios de lo que se pesca en sus costas algo que viene a rechazar la soberanía de Marruecos sobre la antigua colonia española.

Todo el interés de la delegación española, preocupada por la grave situación que esa medida ha producido en el sur de Andalucía, especialmente en la flota pesquera de Barbate (Cádiz), está en reconducir ese acuerdo europeo… Y, sobre todo, olvidando recientes enfrentamientos, y creando un marco nuevo de relaciones como ha venido a decir el presidente español en el comunicado conjunto hecho público al final de la visita, presentando públicamente una cara, totalmente distinta a la de hace solo unos meses.