El Rey condena públicamente a Urdangarin

En vísperas de que su yerno, el Duque de Palma, sea imputado en posibles delitos de tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, falsedad documental, fraude a la Administración, posible delito fiscal y blanqueo de capitales, el Rey Juan Carlos ha querido recordar a los españoles que “la Ley es igual para todos y que las conductas irregulares deben ser sancionadas”.

En uno de los más importantes Mensajes de Navidad pronunciadas por Don Juan Carlos y, en medio de una gran curiosidad y expectación (han participado de esa expectación incluso las casas de apuestas británicas), sobre el contenido del mismo, el Rey, por primera vez desde su subida al Trono, hace treinta y seis años, ha manifestado su preocupación por el deterioro que ha sufrido la Monarquía por el comportamiento “poco ejemplar” de su yerno Iñaki Urdangarin, casado con su hija pequeña Cristina de Borbón, la séptima en la línea de sucesión de la Corona.

En un mensaje muy medido en el que ha abordado sobre todo la crisis económica, la dramática situación del paro que hay en el país y la alternancia en el poder que acaba de producirse esta misma semana, el Rey se ha referido, indirectamente y sin citarlo, a lo que la opinión publica conoce como “escándalo Urdangarin”, un escándalo que, al final, ha salpicado a la Corona…

“Me preocupa enormemente -ha dicho el Rey, consciente de la bajada de popularidad de la Corona- la desconfianza que parece estar extendiéndose en algunos sectores de la opinión pública respecto a la credibilidad y prestigio de algunas de nuestras instituciones. Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos. Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar.”

Precisamente , el comportamiento “poco ejemplar” de Urdangarin , que no solo se ha aprovechado de sus privilegios como consorte de la Infanta Cristina, sino que ha utilizado a la Casa del Rey para todo un tinglado empresarial en torno al Instituto Nóos , una especie de ONG sin fines de lucro, es el argumento que ha utilizando la Casa Real para apartarle de todos los actos oficiales, algo a lo que Urdangarin se había venido negando a hacer motu propio, a pesar de que se lo pidió el Rey y se lo exigió, de forma categórica, el Príncipe Felipe, que como Heredero es que el que puede sentirse más afectado por ese desgaste que ha sufrido la Institución que, además, ha provocado una crisis interna entre los distintos miembros de la Familia Real.

“Cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, -ha tenido que recordar don Juan Carlos- es natural que la sociedad reaccione. Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La justicia es igual para todos”.

Estas palabras se producen días antes de que tanto el titular del Juzgado número 1 de Palma de Mallorca,  José Castro, como el fiscal anticorrupción, Pedro Horrach, imputen al Duque de Palma , después de estudiar el numerosísimo material incautado en sus oficinas, un material comprometedor que puede llevar al fiscal a una petición de quince años de prisión.

Fuentes judiciales dicen ignorar si puede ser llamada como testigo la esposas de Urdangarin, la Infanta Cristina, en tanto que ella es propietaria de la mitad de las acciones de la patrimonial Aizoon S.L., empresa a la que fue a parar parte del importe de las facturas cobradas a Comunidades, Ayuntamientos, Clubs de Fútbol, empresas públicas y hasta la polémica, e investigada judicialmente, Sociedad General de Autores (SGAE).

Los primeros cálculos del dinero manejado por Urdangarin y su socio, lo cifran en más de 17 millones de euros y se cree que varios cientos de miles de euros han ido a paraísos fiscales de Belice e Islas del Canal, utilizando a una Fundación de niños discapacitados que controlaba el Duque de Palma.

Para el Rey este Mensaje de Navidad y la decisión de apartar al Duque de Palma del entorno real, algo que supone una admisión de culpabilidad, ha sido una dura y valiente decisión que ha provocado un conflicto interno familiar pero que era imprescindible para parar el deterioro de la Corona.

En estos treinta y seis años de Reinado, si algo ha aprendido Don Juan Carlos, y así lo ha reconocido él, es a “conocer a fondo al pueblo español”.

Un pueblo que, todavía, no comprende cómo se ha podido llegar tan lejos, cómo se ha tardado tanto en conocer el trasfondo de todo un montaje que ha venido funcionando tantos años y cómo no se han tomado medidas radicales mucho antes.