La independencia de Rajoy Brey

A la tercera ha sido la vencida. Tras los fracasos electorales de 2004 y 2008 (después de este último, reconoce que estuvo a punto de tirar la toalla y dedicarse a la enseñanza), Mariano Rajoy Brey, ha sido investido presidente del Gobierno con los 185 votos del Partido Popular, el voto del representante de UPN (Unión del Pueblo Navarro) y el del Foro Ciudadano del asturiano y antiguo secretario general del PP Álvarez Cascos. De este modo, Rajoy Brey, después de la jura ante el Rey este miércoles se convertirá en el sexto presidente de la reciente historia democrática de España.

Cierra de esta forma, todo un ciclo vital dedicado a la política desde que en 1981 es elegido parlamentario gallego en las primeras elecciones autonómicas y después de pasar por todas las facetas de la Administración desde la Presidencia de la Diputación de Pontevedra a la vicepresidencia de la Xunta de Galicia, pasando por ministerios tan dispares como los de Administraciones Publicas, Presidencia, Educación y Cultura, Portavoz del gabinete, Interior y Vicepresidencia, su último cargo desde el que es designado sucesor por parte de José María Aznar.

En todo este largo ciclo ha aprendido a contemplar el poder con cierto distanciamiento, a no fiarse de muchos en los que él confiaba y, a volverse cada vez, menos confiado y más independiente.

Esa independencia es de lo que se siente más orgulloso y, a esa independencia, se ha referido recientemente en varias ocasiones para recordar que no tiene ninguna factura pendiente, ninguna hipoteca, y no tiene que pagar favores a nadie.

Lo tiene eso tan interiorizado que, incluso lo ha sacado a relucir este martes en el segundo día de la investidura, contestando al representante de Amaiur, el partido de la izquierda abertzale, cuando le ha pedido que sea “radical” en el proceso de paz que se ha abierto en Euskadi.

“Yo a usted no le debo nada”, ha respondido como movido por un resorte Mariano Rajoy, al representante de Amaiur, que le había reclamado que, si quiere ser un estadista, de “una solución integral a un conflicto que es político” y cuya solución pasa por la autodeterminación del País Vasco. “Aquí estamos algunos dando pasos insuficientes hacia la suficiencia cuando otros no dan ningún paso sino que obstruyen”, ha insistido el diputado abertzale Iñaki Antigüedad.

Atacado por varios sectores de su partido, tras perder las elecciones del 2008, aquellas en las que estuvo a punto de tirar la toalla, entre otras razones porque sabia que muchos de los que pedían su retirada estaban muy cerca de José María Aznar, el hombre que le designó sucesor y que pronto comenzó a extender la especie de que se había equivocado, y animado, por un escaso círculo entre los que estaba su consultor electoral de cabecera, Pedro Arriola, decidió intentarlo por tercera vez.

Tuvo en contra y la oposición feroz, de un grupo mediático encabezado por Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez, que intentaron por todos los medios la “operación relevo”, primero con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre y, después, con el exministro de José María Aznar, Juan Costa. Y, todo eso, con el estímulo de importantes sectores económicos y financieros, que, ahora, desalojado Zapatero del poder, se ven huérfanos de influencias y sin ninguna letra o pagaré que cobrar.

Son los mismos que, ahora, le ponen de ejemplo de buen estratega, después de haber intentado llevarle por el camino de la radicalización, como le ocurrió en la legislatura del 2004. Un camino que le condujo a su segundo fracaso que pudo ser su final.