Que dimita Zapatero a favor de una gestora

Veinticuatro horas después de la histórica derrota del PSOE, con la pérdida de más de cuatro millones de votos y cincuenta y nueve escaños, la más importante de su reciente historia democrática, nadie dentro del partido parece querer asumir las consecuencias de esa derrota que, en realidad no es solo un fracaso del candidato Pérez Rubalcaba, sino un voto de castigo contra quien, todavía, sigue siendo presidente del Gobierno en funciones, y secretario general del PSOE.

Con una total ausencia de autocrítica, con el gesto algo descompuesto, con unas profundas ojeras, con una sensación de estar todavía confuso por los resultados, Zapatero, que no compareció ante la opinión pública la noche del domingo, dicen que a petición del propio Rubalcaba, se enfrentaba este lunes a los informadores, después de la reunión de la Ejecutiva del Partido, no para presentar su dimisión (Rubalcaba no podía dimitir de nada porque solo es candidato y su papel ha terminado con unos resultados que son mucho peores de los que él esperaba), sino, como si no hubiera pasado nada, para anunciar la convocatoria de un Congreso ordinario del partido para la primera semana del próximo mes de febrero, antes de las elecciones autonómicas andaluzas, unas elecciones que amenazan con convertirse en una nueva derrota electoral socialista, después de las municipales y autonómicas del mes de mayo y de las generales del domingo. En ese Congreso se tendrá que elegir un nuevo secretario general del partido y una nueva dirección.

En el fondo, con su actitud, Zapatero pretende controlar el proceso de sucesión dentro del partido, aunque dado el actual ambiente crítico que se respira en contra suya, es difícil que pueda imponer un candidato como pretendía, hasta ahora, con su apoyo indirecto a la Ministra de Defensa Carme Chacón a la que obligó, por exigencias de Rubalcaba, a retirarse de unas primarias para la elección del candidato.

No se descarta que estos días , sigan las presiones para que dimita y para que una gestora, en la que es probable que estén tanto Felipe González , como José Bono y otros que no aspiran a la secretaria general, se haga cargo del PSOE hasta el mes de febrero y se encargue de conducir el tránsito.

En estos momentos, ninguno de los barones que han perdido todo el poder en sus Autonomías, después de obligar a Zapatero a renunciar a un tercer mandato, están legitimados para optar a la secretaria general del PSOE. Ni Rubalcaba, que no ha descartado dar la batalla, ni Carme Chacón que ha sufrido la más dura de las derrotas hasta el punto que, por primera vez, los socialistas han sido desplazados por los nacionalistas de Convergencia i Unió en Cataluña, en unas generales, ni Patxi López , el lehendakari vasco que ha sido superado hasta por la coalición abertzale Amaiur, de forma que el cese de la actividad armada de ETA solo ha beneficiado a la izquierda abertzale y no a los que creían que eso podía ayudar a salvar los muebles.

Zapatero no solo ha conducido a su partido a la mayor derrota de su reciente historia, sino que ha quemado a todo el “zapaterismo” que siguió al líder como si tratase de un “iluminado” tal como le retrata un sector de la prensa internacional que durante la primera legislatura tomó al Presidente del Gobierno español como punto de referencia de una renovada socialdemocracia, especialmente entre los socialistas franceses (no se olvide la presentación de Ségolène Royal como la “Zapatera francesa”) e italianos.

En el fondo, todo ha sido un sueño, aunque, es verdad, que el desencadenante del gran desastre del domingo fue el intento de cumplir el mandato de los mercados, de Bruselas, de Paris y de Berlín, para realizar unas reformas y unos recortes, que no han servido de nada porque estamos tan cerca del rescate ahora, como en mayo del año pasado.