Los mejores resultados del PP y los peores en la historia del PSOE

Tal como pronosticaban las encuestas el Partido Popular ha conseguido los mejores resultados de su historia, 186 escaños, frente a los 154 de las elecciones del 2008 y, el partido socialista ha sufrido la mayor derrota desde las primeras elecciones democráticas en el inicio del período democrático al pasar de 169 diputados a unos escasísimos 110, por debajo de los 118 que consiguió Felipe González en 1977 y por debajo también de los 125 que obtuvo Joaquín Almunia en el año 2000 y que provocó entonces su dimisión como secretario general del partido para dar paso a José Luis Rodríguez Zapatero.

Este domingo ha sido barrido el “zapaterismo” y todo lo que significa, al tiempo que se abre una etapa decisiva para el futuro de un partido que ha sido quemado por la crisis y que ha tenido que protagonizar un recorte social impuesto por el directorio europeo desconociendo la moderna historia del país y que va en contra de lo que ha venido defendiendo el PSOE en todos los procesos electorales.

De las elecciones de este domingo sale un Parlamento mucho más rico, mucho más variado y, probablemente más representativo, con más partidos políticos, con una izquierda abertzale que se convierte en la primera fuerza nacionalista en Euskadi, con un nacionalismo que ha crecido en Cataluña y en Convergencia Unió que pasa de 10 diputados que tenía en el Parlamento de 2008 a 16, una Ezquerra Republicana que ha cedido uno de sus escaños a Convergencia y una repetición de resultados en el nacionalismo gallego del Bloque y en el de Coalición Canaria. Entra en el Parlamento un diputado del Partido de Cascos y la gran injusticia se produce, de acuerdo con la Ley Electoral, con el Partido de Rosa Diez Unión Progreso y Democracia (UPyD) que empata con el Partido Nacionalista Vasco en cinco escaños a pesar de que casi le triplica en votos.

Evidentemente estamos ante unas elecciones históricas que marcarán, como en las primeras elecciones de 1977 que hicieron posible la Constitución de 1978, y las de 1982 con el triunfo por mayoría absoluta del PSOE después del golpe de estado de febrero de 1981, el futuro económico del país, sumido en la peor crisis económica desde el final de la guerra civil (1936-1939).

Con el espectacular triunfo de Mariano Rajoy se reinicia un nuevo ciclo político, inaugurado por José Maria Aznar, tras su victoria sobre Felipe González en 1996 y que además, ha sido puesta de ejemplo de una determinada forma de gobernar y, sobre todo de afrontar las crisis económica, según se han encargado de recordar todos los dirigentes populares durante la larga campaña electoral.

Pero, ni la situación económica de hace quince años cuando, por primera vez, el Partido Popular llega al poder, es la misma, ni el talante de José María Aznar tiene nada que ver con el de Mariano Rajoy, ni el poder que tiene en sus manos hoy, el líder del Partido Popular (poder autonómico, poder local, poder nacional y, a la vez, independencia absoluta de los poderes económicos y mediáticos), lo ha tenido la derecha en nuestro país en la reciente historia democrática.

José María Aznar López, heredó un país en crisis, con un paro disparado, similar al de ahora, pero, con un inicio de crecimiento económico, después de tres devaluaciones de la moneda, que se sitúa en el tres por ciento y con unas cuentas públicas bastante saneadas, aunque con el gran problema de la “burbuja inmobiliaria” que, todavía, no había empezado a pasarnos factura.

En el caso de Rajoy, su herencia es peor, mucho peor. Hereda un país con algo más de cinco millones de desempleados, con una falta de absoluta de créditos para las empresas que siguen quebrando a miles; un mercado inmobiliario hundido; una auténtica ofensiva de los especuladores contra la deuda pública española (situada en el 66 por ciento del PIB) que, se ha encarecido de tal forma, que estamos pagando el bono a diez años por encima del siete por ciento, algo que, en su momento, provocó el rescate de Irlanda, Grecia y Portugal.

Y, sobre todo, con unas perspectivas llenas de pesimismo por los pronósticos de todos los organismos internacionales, que anuncian una inminente recesión económica (después de la Gran Recesión que hemos vivido hace dos años) a la que tendrá que hacer frente un Rajoy, asediado por la presión de los mercados, y del directorio franco-alemán, el dúo “Merkozy”, con más reformas y, nuevos y, radicales recortes.

Unos recortes que, en principio, están calculados en unos 18.000 millones de euros,- tres mil más que los que tuvo que poner en marcha el gobierno Zapatero en mayo del 2010, con la congelación de las pensiones, el recorte del sueldo de los funcionarios y otras medidas, entre ellas, la supresión del llamado cheque-bebé que tanto ha influido en la gran derrota socialista del domingo- pero que, lo más probable, es que suba hasta cerca de los 30.000 millones, cuando se conozcan los datos de déficit de este año que estará por encima del seis por ciento y que, según el Pacto de Estabilidad, tiene que quedar reducido a un 4,4 por ciento el próximo año, para llegar a un tres por ciento en el 2013

La del domingo fue una gran victoria para MRB pero, como la de JMAL de hace quince años una victoria “amarga” por el panorama que se le presenta, y por las durísimas medidas que tendrá que tomar y que no ha querido adelantar durante la campaña electoral.

A partir de este lunes se abre la sucesión en el PSOE dentro de una gran crisis interna y también una incógnita sobre la reacción de los mercados a los que Rajoy no ha enviado ningún tipo de mensaje.