Un horizonte de recesión para Rajoy

El Presidente del Gobierno, tradicionalmente optimista en todos sus pronunciamientos hasta el punto de que viene anunciando desde hace muchos meses la inminente recuperación económica y la aparición de los primeros brotes verdes, ha reconocido que se ha producido  un nuevo parón en la economía española a partir del mes de julio -de ahí los resultados de la EPA (Encuesta de Población Activa) de los cinco millones de parados- y que ese parón es una consecuencia de la crisis de la deuda pública que se está produciendo en Europa.

Aprovechando la clausura de la Cumbre Iberoamericana que se ha celebrado en Asunción (Paraguay) y que se ha convertido en uno de los mayores  fracasos de la diplomacia española que no ha conseguido la presencia de once de los Jefes de Estado más importantes de América Latina , Zapatero ha insistido en que los últimos datos de paro, que se han producido a un ritmo de más de l.600 puestos de trabajo destruidos cada día,  responden más a causas externas, especialmente por la crisis de la deuda soberana, que a factores internos de la economía española o de la reforma del mercado laboral.

En vísperas de su salida del poder, el Presidente del Gobierno, ha comenzado a presentar un panorama real de la economía española que ha vuelto a pararse y que amenaza con los primeros síntomas de una recesión que le cogerá de lleno a Mariano Rajoy si, como parece y anuncian todas las encuestas (el Partido Popular, con 191 escaños, gana en 42 provincias y el PSOE, con 119 escaños, solo en cinco) será el gran triunfador el próximo 20 de noviembre.

La EPA hecha pública el pasado viernes, cuyos resultados ha sorprendido al propio Gobierno, convencido de que a partir del segundo trimestre se iba a parar  la destrucción de empleo y de ahí el adelanto electoral a  noviembre, ha venido a anunciar un decrecimiento del PIB, que probablemente se confirmará este viernes.

Decrecimiento que será mucho más acentuado, según los analistas bancarios y expertos  de los servicios de estudios, el último trimestre del año y los primeros meses del año que viene. Corregida la estadística de la influencia estacional, que es como se calcula también el PIB, se han perdido 236.900 empleos respecto al periodo que va de abril a junio, lo cual puede significar que el PIB ha caído por encima  del 1%, cuando se esperaba un crecimiento de decimas o, en todo caso, un crecimiento cero.

Los más pesimistas anuncian un decrecimiento de -0,3%, con una tendencia similar para los próximos meses. Si a esto, añadimos la restricción de crédito que se va a producir tras la recapitalización de la banca nacional por decisión de Bruselas, y el comportamiento de la deuda,  la herencia que va recibir el Partido Popular tendrá que afrontarse con medidas mucho más radicales que las que se han adelantado del programa electoral que se hará público en su integridad este lunes, tras su aprobación por el Comité Ejecutivo Nacional que se reúne en Santiago de Compostela.

Aunque el proyecto del Partido Popular según los primeros avances de su programa es un  proyecto “completo y coherente” de reformas estructurales para la estabilidad presupuestaria, el saneamiento del sector financiero, la liberalización de la economía, la reforma laboral y el impulso de la competitividad, va a ser difícil que se pueda conseguir con menos impuestos como se insiste en el programa, a pesar de que ponga el acento en una mayor austeridad y en la eliminación de todas esas normas que pueda perjudicar el objetivo prioritario que es la creación de empleo y la recuperación económica en un escenario nada favorable y cercano a la recesión. Por eso Rajoy tiene que hablar claro y poner al elector ante la dura realidad  para no hacerle concebir falsas e inmediatas esperanzas.