Rajoy, entre la prudencia y la osadía

Aunque reconoce que los primeros años serán duros, Mariano Rajoy se niega a concretar lo que será el grueso de su programa electoral y se aferra, por el momento, a los objetivos generales que nadie puede discutir: Reforma del sector financiero, creación de empleo, recortar los gastos de los gobiernos autónomos y mejorar la educación.

A la espera del lanzamiento del programa electoral, algo que no quiso hacer en la convención de Málaga, montada precisamente para eso, sigue sin concretar sus grandes objetivos y, sobre todo, sus medidas económicas, convencido, de que hay que seguir por el momento sin precisar mucho, en una situación económica internacional, que cada día se complica más y más, y en una situación doméstica en la que ya se empieza a anunciar que es posible que no se cumplan los objetivos de déficit de este año por la ralentización del crecimiento económico, por el aumento del paro y por el elevado gasto de las Autonomías, con lo que será difícil pasar del 9,2 por ciento del PIB al 6 por ciento.

Piensa que presentar propuestas espectaculares podría hacerle perder algunos votos que necesita para alcanzar la mayoría absoluta en el Parlamento. Incluso con su ventaja de 15 puntos en los sondeos, sabe y así se lo han dicho sus asesores, especialmente su asesor de cabecera Pedro Arriola, que no ha de dar nada por sentado y que, aunque la campaña electoral no va a producir grandes cambios en el electorado, hay que seguir siendo prudente, a pesar de que se detecta entre los votantes una irresistible tentación hacia el cambio.

Recientemente, desde las páginas del influyente “International Herald Tribune” al comentar el dilema en el que se encuentra el presidente del Partido Popular situado “entre la osadía y la prudencia”, el periódico se refería a la reforma del sector financiero, y afirmaba que el Partido Popular que representa Rajoy insistía en que los bancos han de poner en orden sus balances para que puedan volver a prestar, pero se preguntaba: ¿significa esto aumentar las provisiones ante créditos problemáticos? ¿O la creación de un banco malo con otra ronda de recapitalizaciones con fondos públicos?

En lo referente a la reforma laboral, ¿propondrá el PP un contrato laboral único, con el posible riesgo de agravar a corto plazo el problema del desempleo, o se centrará primero en descentralizar las negociaciones salariales? ¿Y hasta dónde llegarán las reformas? ¿Cómo abordará unos costes de la energía que España no se puede permitir? ¿Y cómo podrá Rajoy meter en cintura presupuestaria a las derrochadoras regiones españolas, como prometió, sin recortar servicios en sanidad y educación?

“El riesgo de seguir con la vaguedad – decía el editorialista del “Herald Tribune” es que decepcionará a los votantes que creen que es precisa una reforma radical y a los que no lo creen”. En su biografía, Rajoy se describe como perfeccionista y “muy prudente”. Puede ser la razón por la que no se lanza a hablar inglés a pesar de que “durante un tiempo” estuvo estudiándolo varias horas a la semana. Sacar a España del bache exige decisiones valientes. La esperanza estriba en que las tomará; la preocupación es que las puede retrasar.”

El drama es que, aunque algunos de los dirigentes populares creen que sería bueno retrasar muchas medidas de ajuste y de ahorro, hasta después de marzo, cuando se celebren las elecciones autonómicas en Andalucía, la situación económica que herede (y ya se ha visto en los relevos que se han producido en algunas Comunidades Autónomas) va a ser tan catastrófica, porque además es posible que en esas fechas comiencen a verse los primeros datos de una nueva recesión, que no va a tener más remedio que actuar con valentía y, sobre todo con “audacia y osadía”.