Rubalcaba y el final definitivo de ETA

El candidatos socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, el hombre que más se ha esforzado desde el Gobierno en el final de ETA, confía que ese final sea una baza que pueda utilizar en las elecciones generales del próximo 20 de noviembre, aunque la sentencia en la que se condena a dos de los principales dirigentes de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegui y Díaz Usabiaga, por un proceso anterior que tiene poco que ver con la situación política actual, puede retrasar todo el proceso.

La realidad es que se ignora qué tipo de rédito electoral puede reportar el fin definitivo de la banda terrorista, pero lo cierto es que Rubalcaba, de acuerdo con su sucesor en el Ministerio del Interior y estrecho colaborador, Antonio Camacho, con el responsable de Interior del Gobierno Vasco, Rodolfo Ares, y con el propio lehendakari Patxi López, sigue moviendo los hilos para que, entre otras cosas, los presos etarras fuercen a la banda a una declaración definitiva de abandono de la violencia.

De ahí, los beneficios penitenciarios a los que condenen la violencia, la concesión de libertades condicionales a los que cumplan los requisitos de las condenas, el acercamiento al País Vasco a los que tengan un buen comportamiento, los traslados o puestas en libertad de los presos con graves enfermedades, y otras medidas que han ido creando, entre los presos un ambiente creciente de rechazo de la violencia, algo que consideran que es una etapa superada y que hay que abandonar definitivamente.

De esta forma, después de numerosas consultas a todos los etarras que están en prisiones españolas y francesas e, incluso, los que están en varios países de América Latina, la mayoría de los detenidos parece que se han querido sumar a la “Declaración de Guernica”, la declaración que dio paso al actual alto al fuego permanente del que se acaba de cumplir el pasado 5 de septiembre el primer aniversario.

Ahora, también, el próximo día 25 de septiembre, se cumple un año, de que miembros de la propia izquierda abertzale, como Batasuna, Aralar, Eusko Alkartasuna (EA) y Abertaleen Batasuna (organización del país vasco-francés), reclamaran a ETA un “alto al fuego permanente, unilateral y verificable” en lo que se conoce como “Declaración de Guernica”.

Después de esa declaración, la banda armada, en una entrevista en el periódico “Gara” aseguraba que estaba dispuesta a ese alto el fuego y a ir más allá siempre que “todos los agentes pudiesen actuar en igualdad de condiciones para que se estableciesen los derechos civiles y políticos,” en alusión a la ilegalización de las formaciones de la izquierda abertzale.

De alguna forma, el comunicado de los presos, que puede producirse en el aniversario de la “Declaración de Guernica”, sería una petición formal de abandono de la violencia, aunque es muy posible que la banda armada, que ha estimulado la consulta entre los presos, no reaccione públicamente a esa petición de un final definitivo de la violencia, algo en lo que también estaría de acuerdo toda la izquierda abertzale que está englobada dentro de “Bildu” y que está luchando por la presencia de “Sortu”, en las próximas elecciones generales del mes de noviembre, tema sobre el que tiene que pronunciarse el Tribunal Constitucional.

A escasas semanas de la celebración de las elecciones generales lo más probable es que ETA no quiera pronunciarse, sobre un final de la violencia que parece asumido y que espere a la formación de un nuevo Gobierno para mover ficha.

Lo malo es que corre el riesgo de que, con una mayoría absoluta del Partido Popular, la política antiterrorista, tenga poco que ver con la que existe actualmente y que sigue manejando desde la sombra el candidato Rubalcaba que quiere forzar esa declaración definitiva.