La quiebra de Lehman Brothers, tres años después (1)

El 15 de septiembre de 2008, hace ahora tres años, se producía la quiebra de Lehman Brothers, el banco de inversión de Estados Unidos que ha marcado la actual crisis económica mundial, una crisis que comienza con las hipotecas basuras y que se ha ido transformando hasta convertirse ahora, en Europa, en la crisis de la Deuda soberana, en la grave crisis del euro, y de la Eurozona.

La quiebra de Lehman, después de que el Gobierno americano salvase las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, y que Merrill Lynch interviniese en Bank of America, se pudo haber evitado aunque, el Gobierno no quiso volver a intervenir como salvavidas de cualquier otra entidad en apuros.

Tres meses antes, en junio de 2008, los grandes bancos de inversión americanos (Lehman Brothers, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Goldman Sachs), estaban sufriendo grandes pérdidas en sus resultados trimestrales, debido al estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU y su exposición a productos creados ad-hoc en los años de bonanza para maximizar rentabilidades de balance y crear más crédito.

La realidad es que habían acometido una peligrosa batalla, años atrás, convenciendo a los reguladores de que los derivados y otros productos complejos, que gran parte de los inversores que los habían adquirido no los entendían, no deberían ser controlados.

En junio de 2008, Lehman Brothers hizo pública una pérdida trimestral de 2.800 millones de dólares, incluyendo pérdidas por activos tóxicos de 3.700 millones de dólares. El consejero delegado de Lehman, Dick Fuld, conocido como “el gorila” convocó al personal del banco en las oficinas que tenía en la tercera avenida en Manhattan. La acción de la compañía había caído más de un 30%, y los rumores de bajos niveles de solvencia de la entidad se estaban corriendo como la pólvora en el parquet. El discurso fue, lejos de lo que se esperaba, un recital de las bondades y ventajas del banco. No pasaba nada, muchos inversores estaban vendiendo a corto las acciones del banco, pero iban a poder con ellos… Al final de la charla, Fund anunció que no iba a cobrar su bonus del año.

El 9 de septiembre, Fund estaba mucho más preocupado por el banco porque, desde su despacho en el piso 33 del edificio del banco en Midtown Manhattan, recibía la mala noticia de que su caballero blanco “Korea Development Bank” no iba a comprar una participación en la entidad norteamericana. Para empeorar la situación, las posiciones que traders y gestores mantenían en la cartera del banco estaban cayendo a plomo J. P. Morgan llama esa mañana a Fund y le obliga a aportar 5.000 millones de dólares en garantías y colaterales adicionales. La acción estaba cayendo un 40%. Muchos partícipes y otros bancos estaban sacando el dinero de Lehman, y huyendo del banco como de una enfermedad mortal contagiosa.

Fund intentaba maniobrar, pero era demasiado tarde. El fin de semana del 13 de septiembre, tras una reunión en la que estaban presentes Tim Geithner (actual secretario del tesoro de Obama) y el exdirector general de Goldman Sacks, Hank Paulson (uno de los principales causantes de la decisión final), se tomó la peor de las decisiones que se podrían haber tomado. Barclays Bank había entrado en la puja por el banco y si Paulson y el Gobierno inglés le hubieran dado garantías y se hubieran implicado, podría haber adquirido el banco, o haber buscado una solución para mantenerlo a flote.

Pero ese día no tomaron esa decisión. Querían dar una lección, poner un cortafuegos y provocar una quiebra controlada del banco. Ya estaban paralelamente trabajando en ello, la siguiente sesión de mercado sin Lehman. Nunca pudieron comprender la tormenta perfecta que estaban a punto de provocar.

El domingo por la tarde el rumor de la quiebra se había extendido entre toda la comunidad financiera. Los empleados de Lehman recogían sus pertenencias y mandaban mails con sus direcciones de correo personales. El mensaje más habitual era “ha sido un placer trabajar con vosotros”,

Fund como cualquier empleado, recogía sus cajas y salía por la puerta de atrás… mientras al hombre de Lehman en España, Luis de Guindos, sin que él lo supiera, le anulaban todas las tarjetas de crédito del banco.