Ratzinger-Zapatero: final de etapa

La tercera visita pastoral del Papa Benedicto XVI a España que comenzó este jueves, con un bien preparado y protocolario recibimiento en el aeropuerto de Barajas en el que, además de los Reyes Don Juan Carlos y doña Sofía, estuvo presente el presidente del Gobierno (en principio estaba prevista la asistencia solo del ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui), será probablemente la menos conflictiva de las realizadas por el Pontífice católico a un país, considerado por el Vaticano, por la política desarrollada por sus dirigentes políticos como la cuna del laicismo el relativismo moral e, incluso,  del anticlericalismo que caracteriza a nuestra sociedad.

Aunque la víspera de la llegada del Pontífice se produjeron en el centro de Madrid,  algún tipo de enfrentamientos entre manifestantes anticlericales que se manifestaban en contra de la visita y de su coste para un país en crisis, y peregrinos participantes en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), no se espera que, como ocurrió en el anterior viaje papal, se produzcan una serie de provocaciones que llenaron de indignación a los católicos y provocaron la curiosidad de numerosos medios internacionales, sorprendidos de que colectivos de gays y lesbianas se besaran provocativamente ante el paso de la caravana papal o pusiesen todo el acento de las protestas en los numerosos casos de pederastia con los que desde hace años se viene enfrentando la Iglesia católica

Para el Vaticano y, para el actual Papa, ha sido el programa laicista de Rodríguez Zapatero (la educación, la eutanasia, la ley del aborto y determinada actitudes que se han considerado como anticlericales y representativas del relativismo moral con el que es contemplada la vida en sociedad) y, por encima de todo la ley de matrimonios de homosexuales y lesbianas, lo que ha provocado una guerra abierta desde la llegada del actual socialismo en el poder.

Una guerra que, en ocasiones ha sido estimulada por la jerarquía católica española solicitando el voto en las elecciones para el Partido Popular, partido con el que muchos obispos han ido del brazo en numerosos manifestaciones callejeras a favor de la familia católica y en contra de los matrimonios homosexuales y apoyados además por los máximos representantes de la jerarquía: el cardenal Arzobispo de Madrid,  monseñor Rouco Varela, el hombre del Papa en España y el arzobispo de Valencia, monseñor García Gasco.

Es esa cercanía de monseñor Rouco con Benedicto XVI, que probablemente después del éxito organizativo de estas jornadas de las JMJ y a punto de cumplir los setenta y cinco años, pase a la situación de retiro, lo que provocó en la anterior visita del Papa a España, el pasado mes de noviembre con ocasión del Año Santo Compostelano, un auténtico enfrentamiento con el Gobierno al comparar el Pontífice, seguramente con información de Rouco, la situación actual española con lo que ocurrió durante la guerra civil española. Para el Papa el anticlericalismo “agresivo”y el laicismo de Zapatero es similar a la España de los años treinta que desembocó en una guerra civil y en una matanza de sacerdotes y de militantes católicos.

Las palabras del Papa provocaron entonces la reacción de Zapatero que le recordó al Pontífice que España es un país aconfesional y la del partido socialista que, metido ya en plena guerra dialéctica, entró a valorar el papel de la Iglesia Católica con los regimenes fascistas europeos y, el grado de colaboración, de los obispos españoles, con el general Franco y su régimen.

Cuando este domingo, a las siete de la tarde el avión de Iberia que lleva a bordo al Papa de regreso a Roma, despegue del aeropuerto de Barajas, se habrán cerrado unas jornadas que han sorprendido a todos los madrileños por su organización, por su seriedad y movilización pero, también se habra cerrado una etapa de las relaciones entre Iglesia y Estado presididas por el enfrentamiento y la tensión. Probablemente para el Vaticano, Zapatero, que ya se va, representa todo lo que la Iglesia combate, al tiempo que para Zapatero, esa parte de su política laicista ha sido lo que mas satisfacciones le ha proporcionado.