¿Quiere controlar Camps al nuevo presidente valenciano?

Como si fuese la fiesta de la marmota sobre la que gira la película “Atrapado en el tiempo”, o la toma falsa de un documental, las Cortes Valencianas han vuelto a vivir, de nuevo, este martes, una investidura, después de que el pasado día 16 de Junio fuese investido solemnemente presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps.

Este nuevo mandato de Camps empeñado en repetir mandato a pesar de las reticencias de la dirección de su partido y de su presidente Mariano Rajoy, apenas ha durado cuarenta días, hasta que ha llegado lo que el equipo jurídico de la calle Génova no creía: el procesamiento por delito de cohecho impropio por el escándalo de los trajes y su comparecencia, probablemente en plena campaña electoral para las generales, ante un Jurado popular en el primer juicio en el que un político tiene que enfrentarse con un jurado elegido , y no con un tribunal ordinario.

La rocambolesca situación en la que se había metido Francisco Camps, terminaba la semana pasada con su sorprendente dimisión como Muy Honorable Presidente de la Generalitat Valenciana y su substitución por el Alcalde de Castellón, Alberto Fabra, un arquitecto de 47 años, de familia acomodada y que cuenta con el favor de la dirección nacional, hasta el punto que fue promocionado desde Madrid como coordinador general del partido para quitarle protagonismo a otro Fabra (Carlos), expresidente de la Diputación de Castellón, procesado en numerosos sumarios e incondicional de Camps.

A última hora a Camps, que había formado un gobierno totalmente identificado con su persona, le obligaron y ahí intervino el propio Rajoy, a aceptar a Alberto Fabra cuando su verdadera candidata era su vicepresidenta Paula Sánchez de León que va a intentar controlar al nuevo presidente elegido este martes, una vez que, por prudencia, anunciase que mantendrá hasta las próximas elecciones generales, y que iba a gobernar con el mismo equipo que Camps, algo que entrará en inevitable crisis en las próximas semanas.

Sobre todo si Camps tiene la tentación de controlar, desde su escaño (algunos dirigentes piensan que debería abandonarlo) y con la colaboración de su equipo, la gestión que pueda hacer el nuevo presidente.

Hasta ahora, Fabra, conociendo su debilidad dentro del partido, ha tenido un trato exquisito con Camps, hasta el punto que ha hecho su entrada en las Cortes, después de un breve recorrido por el exterior del edificio, acompañado del expresidente y de su plana mayor, ha hecho de él la gran alabanza, ha reafirmado que su programa es el mismo, y ha anunciado que no va a cambiar nada aunque, eso sí, va a inaugurar una nueva etapa de diálogo con la oposición, un diálogo que ha sido imposible por la intransigencia de su antecesor y, por la parálisis en la que ha tenido a su gobierno durante dos años en los que ha negado la misma evidencia, al tiempo que se instalaba en la arbitrariedad y en el aislamiento personal.

Fabra que tendrá que ganarse el favor de todo el partido, especialmente de los alicantinos y los valencianos por la forma en que se ha producido la sucesión, tiene por delante un difícil reto por la complicada herencia política y económica, que le ha dejado su antecesor.

Por lo pronto, su trato con la oposición a la que le facilitara todos los contratos que con la Generalitat Valenciana ha realizado la trama “Gürtel”, -algo a lo que se ha venido negando durante dos años Camps- será totalmente distinto y procurará establecer algún tipo de pacto sobre algunos de los puntos más importantes de su discurso de investidura , como la creación de empleo, la nacionalización del gasto en la Radiotelevisión Valenciana (uno de los mayores escándalos de Camps), el reajuste de las plantillas en las “conselleries” y en las medidas de ajuste que hay que tomar para ahorrar 700 millones de euros.