El rocambolesco final de Francisco Camps

El Partido Popular, su presidente Mariano Rajoy, la Comunidad Valenciana y su presidente, Francisco Camps, han vivido este miércoles una de las jornadas más sorprendentes y rocambolesca de la historia del PP, que ha terminado, por el momento, con la dimisión del presidente de la Generalitat Valenciana, ante su negativa a aceptar la solución que le imponía la dirección nacional del Partido: una sentencia de conformidad que suponía para él, una auténtica “indignidad” e, indirectamente una verdadera trampa.

Cuando parecía que las negociaciones del día anterior, dirigidas por el exministro de Justicia Federico Trillo, habían dado sus resultados y todos los implicados en el escándalo de los trajes, aceptaban pagar la multa para evitar el juicio del Tribunal Popular que tiene que juzgarles, y que posiblemente coincidirá con la campaña de las próximas elecciones generales, algo debió ocurrir para que, a última hora, dos de los acusados, el exsecretario general del PP, Ricardo Costa, y el propio Camps, no se presentasen ante el Tribunal Superior de Justicia de Valencia como estaba previsto, para ratificar una decisión que ya habían adoptado el exvicepresidente de la Generalitat Victor Campos y el exjefe de gabinete de la Consejería de Turismo, Rafael Betoret.

“No sabemos lo que está pasando. No tenemos comunicación con Valencia y es posible que el acuerdo al que se ha llegado no se cumpla, puede pasar cualquier cosa”, confesaba un alto dirigente del partido a la hora del almuerzo, ante la confusión reinante y las informaciones totalmente contradictorias. El TSJ valenciano había cerrado y no se tenían noticias de Camps que, de nuevo, como ha venido ocurriendo desde el pasado viernes, había desparecido.

O alguien le había convencido de que se trataba de una trampa jurídica que iría seguida, después de aceptar la sentencia de conformidad, de su inevitable caída, o, el propio Camps, después de veintinueve meses de investigación judicial, había optado por defender el concepto de Honorabilidad que lleva consigo la Presidencia de la Generalitat valenciana…

Lo que le pedía el partido y, en principio había aceptado, era reconocer ante la Justicia, ante sus electores, y ante los ciudadanos de su Comunidad, que en realidad no era tan Honorable como el título que lleva consigo presidir la más alta institución política de la Autonomía, y que, por el contrario, admitía que había recibido regalos de la trama Gürtel, especialmente trajes, chaquetas, pantalones, zapatos, camisas, y un frac, todo ello, valorado en más de doce mil euros.

Pero es que, además, el Muy Honorable Presidente de la Generalitat Valenciana, tenía que admitir que había mentido en varias ocasiones. Había mentido públicamente cuando defendió, recién estallado el escándalo, que por supuesto, él se pagaba sus trajes. Había mentido ante las Cortes valencianas, negando, una y otra vez, que había recibido regalos de la trama. Había mentido ante los Tribunales cuando había sostenido que ese fondo de armario objeto de juicio popular, lo pagó en “cash” con dinero de la farmacia de su esposa.

Había mentido cuando, incluso, había incluido a sus escoltas como prestamistas del dinero que supuestamente entregó para pagar los trajes.

El Muy Honorable Camps, había mentido tanto y, en tantas ocasiones, que después de aceptar pagar la multa correspondiente para no ir a juicio y aceptar la sentencia de conformidad, no tendría más remedio, por dignidad, que renunciar a su cargo.

Le ofrecían una salida que irremediablemente iría seguida de un suicidio político y ha preferido irse y defender lo que el cree que es su inocencia ante los Tribunales…, y la Honorabilidad de la Institución… No podía aguantar más, porque hasta su partido le quería engañar.