El debate de la Carrera de San Jerónimo y el de Sol

Hoy martes, tiene lugar en el Congreso de los Diputados, el último debate sobre el estado de la nación, el sexto y último que en su condición de presidente del Gobierno celebra José Luis Rodríguez Zapatero y que cierra un período de casi ocho años en el poder.

Un cierre de ciclo que se produce en las peores circunstancias posibles, con una prima de riesgo que, ante la crisis griega y las dudas sobre un posible segundo rescate que obligue a los países de la eurozona a adoptar un plan B, ha batido todos los récords posibles y se ha situado en los 301puntos básicos respecto al bono alemán, con una bolsa hundida y temerosa de que el Parlamento griego rechace las nuevas medidas de austeridad impuestas por Bruselas, y con una crisis política sin resolver dentro del partido socialista tras la derrota histórica de las elecciones autonómicas y municipales del pasado mes de mayo.

Un Zapatero psicológicamente hundido, políticamente en retirada y discutido dentro de su propio partido, va a intentar convencer al Parlamento y al país que, con las reformas económicas que tan alto coste político ha tenido que pagar el PSOE, se han puesto las bases de la recuperación y de la creación de empleo al tiempo que un Rajoy, convencido de su buena racha, alardeará de todos los males que nos ha traído el presidente del Gobierno, no adelantará nada de lo que piensa hacer cuando gane las elecciones generales en los próximos meses, pedirá el final de la legislatura y la disolución de las Cámaras y actuará como una apisonadora contra el presidente.

Este parece ser el esquema general de actuación de los debates de este martes y miércoles porque, además no se espera ninguna sorpresa cuando en realidad, dada la situación del país, el escenario, el momento y la situación exigiría que el presidente del Gobierno solicitase la aprobación de una cuestión de confianza o, por el contrario, que el líder de la oposición presentase una moción de censura ya que, de lo contrario, Zapatero se aleja del poder sin probar esa medicina que probaron anteriores presidentes del Gobierno que jamás llegaron a tal situación crítica como la actual.

Es posible que este último debate sobre el estado de la nación sea uno de los más duros de estos últimos años y que, por encima de todo, como en anteriores ocasiones, Zapatero, por lo menos en las réplicas, intente ganarle el debate a un Rajoy que no está dispuesto, bajo ninguna circunstancia, a arriesgar lo más mínimo y que por ese sentido de conservación que tiene, vuelva a perder ante Zapatero, algo que, a estas alturas, sería verdaderamente insólito.

Probablemente, el verdadero debate no esté en el palacio de la Carrera de San Jerónimo, sino a pocos metros de allí, en la Puerta del Sol, que en los próximos días se convertirá, a instancias del Movimiento del 15-M, en lugar de encuentro de los llamados “indignados” que quieren debatir lo que no se debatirá en el Parlamento: la regeneración de la democracia, la eliminación de los privilegios de la clase política, el restablecimiento del subsidio a los parados de larga duración, la dación de las viviendas para cancelar las hipotecas, la aplicación efectiva de la Ley de Dependencia, un mayor control de las entidades bancarias, un aumento de la fiscalidad de las grandes fortunas y de las Sicav, la recuperación del impuesto del patrimonio, la promoción a nivel internacional de una tasa a las transacciones internacionales, es decir, la llamada Tasa Tobin, la abolición de la Ley Sinde, la modificación de la Ley Electoral, la democracia interna de los partidos e, incluso la desaparición del Senado…

Dos debates distintos y dos agendas totalmente contradictorias