Rubalcaba contra Sebastián y Blanco

Poco a poco,  el vicepresidente del Gobierno y candidato socialista a las elecciones generales,  Alfredo Pérez Rubalcaba, parece hacerse con el control del aparato del partido y del funcionamiento interno del Gobierno, al tiempo que, poco a poco, se difumina la figura del Presidente del Gobierno Jose Luis Rodríguez Zapatero cada día más alejado de las decisiones cotidianas.

El pasado viernes,  durante el Consejo de Ministros presidido por Rubalcaba ante la ausencia de Zapatero pendiente en Bruselas de los últimos retoques del segundo tramo del rescate de Grecia, el vicepresidente impuso su tesis sobre la necesidad de eliminar esta misma semana la limitación de velocidad en autopistas, establecida hace cuatro  meses en 110 Kilómetros por hora, con el argumento de que eso suponía un notable ahorro para la economía nacional que estaba pagando el precio del litro de gasolina a 107 euros .

Basándose en el conflicto libio, el Gobierno decidía una limitación de velocidad que,  en su momento,  se consideró como absurda, ya que no suponía, ni mucho menos el ahorro anunciado, ni era ninguna solución al problema energético nacional.

Frente a otros países que dependen  mucho más que nuestro país del petróleo libio (caso de Italia o de Alemania), la guerra en la que participa de forma sui generis, España fue esgrimida como gran argumento para tomar una decisión que parecía responder a una ocurrencia más del Ministro de Industria, Miguel Sebastián, que ha hecho del ahorro energético, su principal caballo de batalla dentro del Gobierno, que a un plan serio y meditado.

A la idea de Sebastián se unió la vicepresidenta del Gobierno Elena Salgado, aunque, en esta ocasión, en el Consejo de Ministros del pasado viernes, ha sido la Ministra de Ciencia y Tecnología,  Cristina Garmendia, la que ha intentado apoyar una idea  que, según ha confesado este fin de semana el ministro de Fomento tenía dividido al Gabinete.

Al final, ha sido la insistencia de Rubalcaba, apoyado por José Blanco, la que ha conseguido eliminar una medida que contaba con la oposición de la mayoría de una  ciudadanía, a quien en ningún momento, se le explicó con detalle un plan que, en realidad, como se demostró mucho mas tarde, nunca existió y que aprovechando el  conflicto libio fue simplemente fruto de la pura improvisación.

La decisión adoptada en el Consejo de Ministros en contra del criterio de Miguel Sebastián, uno de los ministros más valorados  por el Presidente del Gobierno, es  una muestra del creciente poder de Rubalcaba que no sólo ejerce de número dos desde la última crisis de Gobierno sino de autentico numero uno.

A la marginación de Miguel Sebastián, el “niño bonito de Zapatero”, hay que añadir la del número dos del partido, el vicesecretario José Blanco, alejado de la futura campaña electoral por un Rubalcaba que ha apostado por la responsable de política internacional del partido Elena Valenciano como gran responsable de la campaña de las generarles. Hasta ahora , salvo un breve periodo que llevo a cabo esa labor y no con muy buen resultado, la que ahora es ministra de Sanidad, Leire Pajin, era impensable una campaña  electoral socialista sin la intervención de Blanco, el sucesor de Alfonso Guerra para este tipo de actividades. Uno de los principales responsables del programa electoral será Jesús Caldera, alejado del poder por el propio Zapatero cuando más seguro estaba de ser nombrado vicepresidente del Gobierno en la crisis de Gobierno en abril del 2008.

Por otra parte, la reunión que este fin de semana Rubalcaba  ha mantenido con alcaldes y concejales del PSOE en la sede del partido en Ferraz, algo que ni siquiera se le ha ocurrido al presidente del Gobierno a pesar de que Zapatero es consciente de que la gran derrota del pasado mes de mayo se debe a él y a su política económica, es la primera que unos desconsolados políticos elegidos el pasado mes de mayo, han tenido con responsables del partido que parecen más preocupados por repartirse el poco poder que queda ,después de la debacle electoral, que por iniciar una nueva etapa de recuperación  para impedir el otro gran desastre que se anuncia en las próximas generales. Por lo menos el vicepresidente del Gobierno los ha tenido en cuenta.