Los resultados electorales y el papel de los “indignados”

Veinticuatro horas después del hundimiento del partido socialista y de la pérdida de casi la totalidad del poder autonómico y parte importante del municipal, el PSOE y sus dirigentes siguen sin reaccionar, aunque han empezado a manifestarse las primeras críticas por parte de los barones castellano manchego y extremeño, José María Barreda y Fernández-Vara, exigiendo que se asuman, de alguna forma, responsabilidades por una derrota, que es histórica, y que marca el final del “zapaterismo”.

Mientras se intenta que dentro de las filas socialistas se abra una “reflexión profunda” de lo que ha pasado, se intenta analizar la influencia que han tenido las movilizaciones en las principales ciudades españolas contra el status quo actual por parte de miles y miles de “indignados” en algunos aspectos de las elecciones del pasado domingo, como se encarga de destacar la prensa internacional que dedica casi el mismo espacio a la debacle socialista que al Movimiento 15 de Mayo, (“el Gobierno se enfrenta a los reveses en las urnas y a la vergüenza en la calle” sentencia “Financial Times”), adelantando, con cierta alarma que esas protestas en España pueden extenderse, próximamente a otros países europeos, acuciados por algunos problemas parecidos a los de España , especialmente los que afectan a la exclusión social de los jóvenes.

“Los votantes españoles van a las urnas en medio de protestas “(The Guardian). “Se pide a los electores el voto en blanco como protesta por el aumento de la corrupción” (The Times).”El Movimiento 15-M: Alarma para Europa “(Financial Times) “Los partidos políticos españoles desconcertados por la fronda social” (Le Monde) “España generación indignada” (Le Vif) “Es hora de indignarnos” (La Jornada México) “…

Esa es la tónica general de toda la prensa, que reconoce que los jóvenes han ganado el discurso de la reivindicación en la recta final de la campaña electoral frente a las descalificaciones y a los enfrentamientos entre dos partidos que, al fin y al cabo, insisten los “indignados”, defienden lo mismo. Los mismos privilegios, los mismos ajustes, las mismas injusticias y los mismos patrones. Un discurso que ha caído en el terreno abonado de muchos de los que votaron a Zapatero en las últimas elecciones a los que se les prometió que el poder no cambiaría a un presidente obligado a hacer el mayor ajuste económico y social de la historia económica del país. Y lo han cambiado de una forma que para ellos es irreconocible.

De esta forma, Zapatero sale del poder con la sensación de haber traicionado los principios con los que se hizo cargo del socialismo español. Una traición a la que la juventud es especialmente sensible sobre todo si es la que está sufriendo las consecuencias de una crisis en la que ellos no tienen nada que ver pero que están y estarán pagando durante años.

A la hora de hacer balance hay que decir que “la revolución española” como ha sido bautizada fuera de nuestras fronteras, ha hecho más daño al PSOE que al PP, a pesar de que los populares han estado insinuando que el movimiento que ha ocupado las plazas de más de 170 ciudades españoles desde el día de reflexión, es un movimiento inspirado por los socialistas para hacer ingobernable el país ante la inevitable llegada de Mariano Rajoy al Palacio de la Moncloa en los próximos meses.

El “Movimiento 15 de Mayo “ ha llegado para quedarse y, probablemente condicionará la agenda y la vida política del país hasta las próximas elecciones generales así como la estrategia de los dos grandes partidos políticos nacionales. Por lo pronto han decidido proseguir con las concentraciones, durante la semana postelectoral, perfilando sus propuestas y procurando que ningún partido les utilice y les robe una “revolución” que , lanzada desde las redes sociales les ha sorprendido y desbordado a ellos mismos Ahora pretenden pasar de la “indignación” a la “organización”, la organización de un movimiento que es asambleario, que está integrado por cientos de organizaciones, pero que tiene vocación de permanencia. Quizás hayan tenido algún éxito en su insinuación de que se votara a los partidos minoritarios y que se primase el voto en blanco que, en estas elecciones, ha alcanzado el récord de todos los comicios que se han celebrado hasta ahora: casi medio millón (el dos por ciento de los votantes) que, sumado a los votos nulos, otro medio millón, constituye la quinta fuerza política del país