La Spanish Revolution

En la primera rueda de prensa convocada  hace una semana, por el movimiento “Democracia Real, ya”, en la sede del Ateneo madrileño, solo  estuvieron presentes tres periodistas de tres medios que no sabían muy bien qué importancia podría tener la convocatoria de movilizaciones ciudadanas, el domingo 15 de Mayo, a través de las redes sociales, de un movimiento totalmente desconocido  y, que parecía responder más a criterios antisistema, (“No estamos contra el sistema, es el Sistema el que está contra nosotros”, insisten los convocantes) que, al deseo de una reforma, de una auténtica regeneración democrática en la que participen los ciudadanos.

Hoy, una semana después de aquella primera rueda de prensa, decenas de periodistas de todos los medios internacionales (las concentraciones de la Puerta del Sol han ocupado la apertura de telediarios de todo el mundo, incluido el mundo árabe) intentan encontrar el rostro de un líder de lo que llaman ya, coloquialmente, la “Spanish Revolution”, una revolución pacífica que, protagonizada, sobre todo, por jóvenes, ha estallado a este lado  del Estrecho, mientras se quiere encontrar algún tipo de paralelismo entre esa “Revolución a la española” con esa otra revolución árabe que comenzó a Túnez y que  se extendió, posteriormente, a otros países de Oriente Medio, reclamando, esencialmente, libertades y respeto a los derechos humanos, cuando, aquí, lo que se reclama es una mayor participación en las decisiones políticas  y una puesta al día de los partidos que se han convertido en “clanes” cerrados que actúan, además, al margen  de los verdaderos intereses de los ciudadanos.

Para algunos analistas, el recién nacido Movimiento 15 de Mayo, es hijo sólo de Internet, de la frustración y de una rebelión que se inspira libremente en la ira de los sagrados viernes árabes. El tirano a combatir, en este caso, no tiene ni rostro ni nombre: es simplemente  una lista de fechorías y de excesos atribuidos a los partidos políticos, a los sindicatos,  a los bancos, a la ley electoral causa del bipartidismo y, también, al Gobierno que puede resultar el más perjudicado este domingo en las elecciones municipales y autonómicas si, efectivamente, se produce el grado de abstención que se anuncia.

Unas elecciones que se verán afectadas por las movilizaciones y, sobre todo por unas peticiones que ya se empiezan a concretar y que los partidos se han negado a abordar en estos últimos años, como la reforma de la Ley Electoral que fomenta el bipartidismo y margina a los partidos más minoritarios, el sistema de listas abiertas, y la  prohibición de  inclusión  en las listas electorales de políticos  imputados en casos de corrupción, así como la  ampliación  de algunos  derechos fundamentales, sobre todo el derecho a una vivienda digna, el derecho a una sanidad gratuita y universal, una educación pública laica y de calidad y una reforma de las hipotecas para que se pueda realizar una dación a pago cuando no se puede hacer frente a las mismas

Todo eso, discutido en Asambleas  en las que han salido a relucir  decenas de propuestas, algunas de ellas utópicas,  pero que revelan la espontaneidad con la que se están desarrollando los debates y las discusiones, que a pesar la decisión  de  la Junta Electoral  Central después de ocho horas de discusión de prohibir las manifestaciones y las concentraciones para el día de reflexión, esas manifestaciones se seguirán produciendo en los próximos días y probablemente en los próximos meses, ya que ese Movimiento que nació el 15 de Mayo no está dispuesto a desaparecer tras las elecciones del domingos va a condicionar  la agenda y la vida política nacional hasta las próximas elecciones generales.