La Merkel le pide más a Zapatero

Esta semana, en que se cumple un año de las duras medidas de ajuste tomadas por el gobierno de Zapatero, se abrió con nuevas especulaciones sobre un posible futuro “contagio” a España, de la crisis de la deuda que afecta a Grecia, por las nuevas ayudas que tiene que recibir para pagar créditos que están a punto de vencer, y a Portugal que está encontrando reticencias por parte de Finlandia para hacer frente al rescate ya aprobado por la Unión Europea.

Esas especulaciones han ido acompañadas, al principio de la semana, con un aumento de la prima de riesgo-país y con malas noticias de la OCDE que prevé un menor crecimiento del previsto de la economía española que, en principio seguirá sin crear empleo.

Y la semana termina, también, con malas noticias tras la publicación del último informe del FMI (Fondo Monetario Internacional) en el que España aparece en el mismo grupo que Grecia Irlanda y Portugal (todos rescatados por la UE), y en el que además, se ratifica que este año la economía española crecerá la mitad que los países de la zona euro y una tercera parte que la del conjunto de Europa.

Algo que, en cierto modo, viene a confirmar, también, el último informe del servicio de estudios del BBVA que anuncia un menor crecimiento que el previsto por el Gobierno, un aumento de la tasa de paro y una recuperación muy lenta. Todo eso, acompañado con un aumento de precios como el hecho público este miércoles correspondiente al mes de abril que sitúa el repunte de la inflación en un 3,8 por ciento, la subida más alta desde septiembre de 2008.

Es decir, malos datos, malas noticias, malas perspectivas que auguran nuevas medidas de ajustes a pesar de que el Gobierno, en plena campaña electoral lo niega, mientras la oposición popular por boca especialmente de su portavoz parlamentario Cristóbal Montoro, contribuye a la confusión internacional, con declaraciones catastrofistas como esas últimas que tanto han indignado al presidente del Gobierno, en el sentido que nuestro país “está al borde del abismo”.

España no tiene en estos momentos unos niveles de deuda preocupantes como los de Grecia, Irlanda y Portugal. Situada en el 62% del PIB, la deuda española está muy por debajo de la media de la Unión Europea. Sin embargo, su déficit sigue siendo alto, al igual que su tasa de paro, la mayor de la UE con el 21% y con pocas posibilidades de disminuir, especialmente en el sector juvenil donde alcanza índices tan alarmantes que el propio Fondo Monetario Internacional advierte que estamos ante un “caso extremo” dentro de Europa, con un desempleo del cincuenta por ciento, que está provocando la frustración de toda una “generación perdida”.

Estas debilidades, además de una lenta tasa de crecimiento económico, incrementan las preocupaciones sobre la sostenibilidad del país a largo plazo, elevando los intereses sobre su deuda. Este círculo vicioso es lo que lleva a los mercados a preguntarse si España puede financiar su deuda y su déficit y si va a necesitar nuevas medidas de ajuste y más reformas, cuando todavía, no se ha aprobado la negociación colectiva que liga la subida de los salarios a la productividad, no se ha llegado al final en la reordenación de las Cajas de Ahorros y está pendiente de solucionar el déficit de las Comunidades Autónomas.

Por si quedara alguna duda la canciller Angela Merkel (la encargada de vigilar a Zapatero y a su equipo económico y que recientemente en su visita a Madrid extendió el consiguiente diploma de “progresa adecuadamente”) acaba de animar al presidente del Gobierno a proseguir con las reformas, “como hace Alemania”, ha dicho, porque “detener la marcha nunca es bueno y siempre hay que estar manos a la obra con las reformas”.