Rajoy y la guerra de Zapatero

Con todos los problemas que se están produciendo en la intervención militar de varios países aliados en Libia, con toda la falta de coordinación de la llamada Operación “Amanecer de Odisea” que se inició el pasado sábado en el Mediterráneo, con las reticencias que existen en varios países que reclaman un mando unificado, el Parlamento español ha dado luz verde a la participación de España en el conflicto libio por una amplísima mayoría, sin plantear grandes problemas, y de la que ha estado ausente tanto Izquierda Unida como el Bloque Nacionalista Gallego (BNG).

La votación que ha venido precedida de numerosas conversaciones del propio presidente del Gobierno con los portavoces de los distintos grupos parlamentarios, se produce después de que aviones españoles F-18 hayan participado en labores de patrullaje de la zona de exclusión, declarada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sin que se nos hayan explicado la urgencia de esa intervención, cuando hay países como Noruega que antes han querido aclarar los objetivos claros de la misión y sobre todo, el papel a desempeñar por la OTAN, aun sin definir por las reticencias de Alemania y, sobre todo de Turquía.

El presidente del Gobierno señor Rodríguez Zapatero, que en ningún momento ha querido referirse al conflicto de Iraq, en el que llevó el papel más importante de ese movimiento ciudadano de “No a la Guerra”, ha explicado que su Gobierno para tomar la decisión que ha tomado, había exigido una firme resolución de la ONU que autorizara el uso de la fuerza, que se produjese un cierto consenso europeo (algo que fue imposible por parte de la canciller alemana Angela Merkel convencida de que, tarde o temprano las tropas tendrán que desembarcar en Libia), que contara con la complicidad regional de la Liga Árabe, que horas después de los primeros bombardeos ha denunciado el excesivo uso de la fuerza contra la población civil y, de la Unión Africana, un organismo sin el mínimo prestigio internacional, que, además , preside el presidente de Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang Nguema, un personaje que no tiene nada que envidiar al coronel Muamar el Gadafi.

Salvo Izquierda Unida que se ha manifestado muy crítica con la decisión de Zapatero al que ha acusado de moverse por puros intereses económicos y de querer “gobernar los cambios en el Mediterráneo”, garantizándose el futuro de la energía en la zona, ningún portavoz ha estado especialmente crítico con el presidente del Gobierno a pesar de sus prisas por autorizar la intervención antes de la autorización formal votada en el Parlamento.

Especialmente cáustico y hábil, ha estado el líder de la oposición Mariano Rajoy, a pesar de su apoyo parlamentario, al que necesariamente el Partido Popular se tenía que sumar.

Su insistencia en que esta era “la guerra de Zapatero” (“no nos vamos a oponer ni estorbar a la decisión del señor Rodríguez Zapatero sobre la actuación de nuestras fuerzas armadas en la guerra de Libia”. Ha repetido en varias ocasiones) y sus dudas sobre el desarrollo de la guerra, han sido los únicos elementos críticos, en un debate que, en el resto de Europa está produciendo una verdadera conmoción política, por la falta de coordinación entre las distintas fuerzas que intervienen en el conflicto, por las diferencias entre los objetivos (por lo visto nadie quiere terminar con Gadafi, el principal causante de todo), y , por el repentino terror que ha invadido a las potencias que han empezado a bombardear, a que la guerra se enquiste, se entre en una larga guerra civil, y no se encuentre una salida razonable al margen de la partición del país en dos: la Cireaica y la Tripolitania.