Cara y Cruz de nuestra presencia en Libia

Veinticuatro horas antes de que el Parlamento apruebe este martes, la correspondiente autorización para la intervención bélica española en el conflicto de Libia, los primeros aviones cazabombarderos F-18 que salieron el domingo de la base aérea de Torreón de Ardoz, han comenzado a patrullar la zona de exclusión establecida por la ONU en su resolución 1973, con la expresa orden de utilizar sus misiles aire-aire, si encuentran algún movimiento o nave hostil.

Paradójicamente, los pilotos españoles que han comenzado a participar en la operación “Odisea al Amanecer”, -algo que suena a Guerra de las Galaxias,- pueden verse atacados con armas e, incluso misiles españoles. Con armas que durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero se vendieron a la República de Libia cuando ya la comunidad internacional había levantado el veto del embargo e, incluyo, al coronel Gadafi, entre los gobernantes, dignos de todo respeto, a pesar de su demostrado papel de apoyo y estímulo del terrorismo internacional. Incluido su periodo de coqueteo con la banda terrorista ETA.

Lo reveló recientemente el portal de Internet Wekileaks, basándose en las informaciones del entonces embajador de Estados Unidos en España Eduardo Aguirre que se vio obligado a enviar un cable al Departamento de Estado informando de que, desde la visita del coronel Gadafi a Madrid en diciembre de 2007 (hubo una posterior visita del Rey Juan Carlos a Trípoli en 2009) la venta de armas al dictador libio había experimentado un aumento del 7.700 por ciento.

El entonces embajador estadounidense Eduardo Aguirre, informaba en el cable secreto que el Gobierno de España estimaba que las inversiones comerciales con Libia podrían ascender hasta los 12.300 millones de euros y detallaba que el 12% de las exportaciones se destinarían a material de defensa y aeronáutica. El cable del embajador norteamericano ponía el acento en que 7.300 millones de euros se invertirían en infraestructuras (para beneficio de Sacyr especialmente), 3.500 millones iría al sector energético (Repsol) y, 1.500 millones de euros a Defensa.

Entre ese material de Defensa, que hasta hace poco solo conocía el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) se encontraban obuses, misiles, granadas, minas, torpedos e incluso tecnología de doble uso susceptible de ser utilizada para fines militares y posiblemente algunos de los radares instalados por la empresa española Indra en algunos de los aeropuertos civiles que tienen que ser vigilados por los cazabombarderos españoles.

Probablemente, estas contradicciones no saldrán a relucir en el debate que hoy martes se producirá en el Parlamento, donde el presidente del Gobierno, pedirá el aval a una decisión ya tomada pero consensuada con todos los partidos políticos, excepto con Izquierda Unida y el Bloque Nacionalista Gallego, que han expresado su oposición a una guerra que se sabe como empieza pero que se ignora cómo va a terminar.

Sobre todo, por las otras contradicciones que están empezando a surgir entre los países que participan en la Operación “Odisea al Amanecer”, donde todavía no tienen decidido si van a terminar o no con Gadafi, según la interpretación que cada país hace de la resolución aprobada por la ONU, el pasado viernes.

Es más, la contradicción incluso del propio Ministro de Asuntos Exteriores británico que en el Parlamento ha barajado la posibilidad de que tropas de tierra tengan que combatir sobre el terreno. Algo, que ha intuido Alemania absteniéndose en la votación, y, a lo que Estados Unidos y, sobre todo su presidente Barack Obama, tiene verdadero terror, con los conflictos de Irak y Afganistán aún abiertos.