Zapatero se va de guerra

Este martes, el Parlamento aprobará por amplia mayoría con la sola oposición de Izquierda Unida y el Bloque Nacionalista Gallego (BNG), la participación de España en la guerra de Libia, decisión tomada personalmente por el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tomada además, cuando parece que ya tiene decidido,  anunciar el próximo 3 de abril,  su retirada  de la política y no concurrir a un tercer mandato.

“Llegó a la presidencia del Gobierno, saliendo de una guerra, Irak, y se va a ir,  dejándonos en otra guerra,  que se sabe cómo ha empezado, con la destrucción prácticamente de todas las defensas antiaéreas libias,  pero que,  se ignora cómo va a terminar, después del reparto de todo tipo de  armas entre la población y el anuncio de convertir  el Mediterráneo en el centro del conflicto, en un “infierno” ya que no se respetara  ningún posible objetivo civil”, afirman sus críticos. Algunos de los cuales, hay que reconocerlo, han echado en cara a la Comunidad internacional su tardanza en intervenir en defensa de una población civil, bombardeada y masacrada en un conflicto que ha derivado en guerra civil y que se puede prolongar en el tiempo.

La presencia de España en la Operación “Odisea al amanecer”, iniciada por Francia y Estados Unidos el pasado sábado, después de la aprobación de la correspondiente resolución en la ONU y en la que España participará con un total de quinientos hombres pertenecientes a los Ejércitos del Aire y de la Marina, que ejercerán labores de patrullaje en el espacio aéreo libio y del Mediterráneo, con cuatro cazas F-18 y dos aviones de apoyo y de vigilancia en las Costas con la fragata “Méndez Núñez” y el submarino “S-74 Tramontana”, no solo es una decisión personal de Rodríguez Zapatero sino, que responde a una estrategia de estar muy presente en lo que está ocurriendo en todo el Magreb y Oriente Medio.

Su presencia en Túnez, cuando todavía se desconocía quien tenía el poder y el país estaba en plena ebullición; su intento de convertirse en el primer presidente europeo que visitaba el país; su articulado discurso de impulsar un Plan Marshall para la zona que no ha tenido el suficiente eco en la Europa comunitaria; su interés en vender el ejemplo de la transición española como posible modelo a tener en cuenta y su decidido apoyo, dentro de su estrategia euro -mediterránea, de ejercer un papel importante en la región, le han llevado  a tomar un papel de protagonismo en una guerra que no está decidida , que puede tener consecuencias imprevisibles, especialmente en el Mediterráneo, y que  puede complicarse como piensa Alemania que no ha querido participar en el conflicto ante el temor de que fracase la zona de exclusión aérea y no haya más remedio que intervenir con tropas en la zona del conflicto.

Al coronel Muamar el Gadafi no se le ha dado más salida que morir matando-no se descarta que ya Estados Unidos haya pactado con los generales más próximos al coronel para que le traicionen bajo la advertencia de que, si no es así, todos pueden terminar acusados ante el Tribunal Penal Internacional, con lo que sus próximas reacciones pueden ser imprevisibles.

Sobre todo después de conocer las contradictorias  declaraciones del Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos, Mike Mullen, que ha aclarado que la operación de castigo que se ha puesto en marcha y que continuara en los próximos días,  esta solamente enfocada a implementar una resolución de la ONU,  a proteger a los civiles y a ayudar en los esfuerzos humanitarios, pero no, a derrocar  al dictador libio.

Esto puede significar que Gadafi se enroque, que se inicie un largo conflicto civil, que el país se divida y que, al final si el verdadero interés, no esté en terminar con el dictador y con su régimen, las grandes potencias no tengan más remedio que seguir negociando con el causante de la actual masacre, sobre todo por el gran valor de su petróleo.