Marruecos: Primeros síntomas de contagio…

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el vicepresidente y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba y la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez,  han seguido  durante todo el domingo, el desarrollo de las manifestaciones en una veintena de ciudades marroquíes en lo que es,  la primera movilización contra el gobierno de Rabat y contra la Monarquía en la historia del país vecino.

Para España todo lo que ocurre en Marruecos es de vital importancia, ya que las dos ciudades autónomas españolas, Ceuta y Melilla, reclamadas por Rabat, hacen de frontera con Europa, la única frontera que une Europa con África. Una frontera que está situada a solo trece kilómetros de esa Europa con la que sueñan la mayoría de los marroquíes, que no encuentran en su país, especialmente los jóvenes,  los suficientes estímulos para desarrollarse y crecer.

Por eso y porque la política española está condicionada por lo que quiera hacer Marruecos sobre la inmigración ilegal, el trafico de drogas, la cooperación antiterrorista  especialmente el terrorismo islamista y el crimen organizado, las reacciones del Gobierno español a todo lo que pase en Marruecos pasa por una serie de intereses que se anteponen a lo que se defiende en otros países.

La reacción de la ministra de Asuntos Exteriores ante la posibilidad de “contagio” del fenómeno que está viviendo todo el Magreb es significativa: “No hay posibilidad de contagio porque en Marruecos  ya se han hecho las reformas precisas”, sin tener en cuenta que muchas de esas reformas están paralizadas.

No parecen estar de acuerdo los miles de marroquíes que,  sin la virulencia de Túnez, sin el calado de Egipto y sin las consecuencias trágicas de Barhein, Argelia, y Libia (donde la última cifra de muertos puede elevarse a dos centenares), se han manifestado a lo largo y lo ancho del país, elevando sensiblemente el tono de sus peticiones hasta pedir una limitación de los poderes del Rey Mohamed VI, hasta ahora una figura intocable  en el Reino alauita.

Han comenzado pidiendo “libertad, dignidad y justicia”, y han terminado exigiendo  la caída del Gobierno, la libertad para los presos políticos, una justicia  independiente,  un Gobierno provisional y una Constitución democrática que límite los poderes reales, algo insólito en un  país donde el Monarca es la vez el jefe religioso y una figura intocable que concentra todos los poderes.

Igual que en otros países árabes, las redes sociales  (Facebook y Twitter), utilizadas por  los jóvenes, han cumplido un papel movilizador fundamental, aunque en contraste con Túnez  y Egipto, parte de la población y sobre todo  los medios internacionales, se han  visto privados  de la información sobre el terreno de la cadena  qatarí Al Yazira que se vio privada de sus emisiones el pasado mes de octubre porque según el ministerio de Comunicaciones marroquí tenía  la “intención premeditada de dañar a Marruecos en  una escalada manifiesta que no ha cesado de ampliarse en los últimos tiempos, con una obstinación de ofrecer sólo hechos y fenómenos negativos con el fin de minimizar los esfuerzos de Marruecos en pro del desarrollo y las reformas para consolidar la democracia y los Derechos Humanos en el país.”

Aunque el gobierno marroquí intenta minimizar la protesta con cifras de manifestantes que no responden a la realidad (aunque no estamos ante una situación como Túnez o Egipto), ha sido hasta el momento el comportamiento de la policía que no se ha empleado a fondo contra quienes piden  algo más que reformas, lo que ha dado a la jornada un  sentido de normalidad.

Pero esto, dicen los manifestantes, es solo el principio porque están dispuestos a continuar…