La revolución árabe, Marruecos y el CNI

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) está reforzando sus antenas en casi la totalidad de los países de Oriente Medio, desde la revolución de los jazmines en Túnez que provoco la caída del dictador Ben Ali y, sobre todo,  desde el inicio del estallido social en Egipto, adonde  se enviaron a varios agentes  días antes de la caída de Hosni Bumarak el pasado viernes.

Por orden del presidente del Gobierno, el CNI está elaborando un informe diario sobre la evolución de los acontecimientos en todos los países de Oriente Medio donde el Centro tiene instalada  la correspondiente “antena”, al tiempo que intercambia información con otros servicios de espionaje de la zona…

Hay que decir que el servicio de inteligencia español es uno de los que mejor información maneja sobre los países de Oriente Medio, especialmente en Líbano donde hay tropas españolas,  en Marruecos, por la proximidad geográfica,  y en Israel donde mantiene una intensa colaboración con el Mossad. Tiene sistemas de escuchas capaces de traducir al instante,  mensajes en treinta idiomas distintos y un satélite especial de comunicaciones.

Todo este sistema fue inspeccionado el pasado 13 de enero, en plena revolución de Túnez,  por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en su primera visita al Centro de Inteligencia,  instalado en la carretera de la Coruña en las afueras de Madrid.

Ahora, después de que el Centro hubiese apostado en Egipto, de acuerdo con los intereses norteamericanos por el vicepresidente Omar Suleiman, el jefe del espionaje egipcio, que prácticamente ha desaparecido de la escena ante el poder que ha adquirido el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas con su presidente al frente, el mariscal  Mohamed Tantui, bautizado como “el caniche de Mubarak”, todo el interés del CNI  y del Gobierno se ha concentrado en Argelia por la importancia que el petróleo y el gas tiene para nuestro país  y, sobre todo, en  Marruecos, ante la aparición de las primeras manifestaciones, los primeros suicidios (cuatro intentos, dos heridos graves y un muerto) y la convocatoria,  a través de las redes sociales,  de manifestaciones para este próximo fin de semana.

Aunque el Gobierno por boca de la Ministra de Asuntos  Exteriores, Trinidad Jiménez, ha venido insistiendo en que Marruecos no corre peligro de contagio de ese  movimiento de protesta que se está desarrollando en la mayoría de los países árabes gobernados por autócratas corruptos, porque en Marruecos los partidos políticos están reconocidos y, desde el poder se han  abordado determinadas reformas, la realidad  es que, en cuanto a niveles de exclusión social y de falta de perspectiva de una juventud con pocas esperanzas de promoción y cuyo único objetivo es emigrar a Europa (pasando por España), es similar  a la de los tunecinos o a la de los argelinos. Si bien hay “burbujas” de libertad que no existen en otros países de la zona.

Los informes diarios  del CNI que le llegan al Gobierno,  no descartan que se pueda producir el “efecto contagio” y difieren bastante del criterio del Ministerio de Asuntos Exteriores  cuyo principal objetivo es normalizar las relaciones con Rabat después de los graves sucesos del Sáhara, estimulados, según Marruecos, por la prensa española, claramente prosaharaui.

La importancia que el CNI concede a Marruecos es prioritaria, hasta el punto que quien dirige la antena de Rabat es la antigua numero tres del Centro R.G. (Raquel Gutiérrez),  responsable, con el anterior director Alberto Saiz,  del departamento de Inteligencia, cargo en el que sucedió   a Agustín Casinillo uno de los principales impulsores  de la caída de Saiz,  y, posteriormente rehabilitado por el nuevo director el general Félix Sanz Roldán.