Zapatero sólo piensa en la Historia

Este viernes el Consejo de Ministros aprueba el anteproyecto de ley por el cual se reforma el sistema de pensiones y se establece la jubilación obligatoria a los 67 años, con determinadas matizaciones para que en algunos casos, según los años de cotización (38 años y medio) la jubilación se pueda producir a los 65 años, la edad fijada hasta ahora en los Pactos de Toledo pero que, en realidad no se cumplían, ya que la mayoría de los trabajadores se jubilaban, anticipadamente, a los 63 años.

La medida del Gobierno, una de las más discutidas desde que Rodríguez Zapatero aceptó las imposiciones de la Unión Europea sobre la necesidad de reformas en la economía española en el mes de mayo (la fecha de la gran reconversión a los mercados del presidente del Gobierno), se produce en vísperas de la llegada a Madrid, acompañada de una delegación de cinco ministros, de la canciller alemana Angela Merkel, para asistir a la primera Cumbre hispano-alemana y para revisar hasta qué punto el Gobierno español está cumpliendo lo prometido en Bruselas, en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en otros organismos internacionales , que han venido mostrando la máxima desconfianza sobre la verdadera “reconversión” de quien dirige un país que todavía no tiene despejado el camino del rescate, después de lo que ha sucedido en Grecia y en Portugal.

Al final, parece haberse impuesto, por lo menos a medio plazo, la tesis de Nouriel Roubini – el primero que advirtió sobre la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera mundial- y desarrollada en el Foro de Davos (“España es demasiado grande para caer pero también demasiado grande para ser rescatada”) ya que calificó en ese Foro con escasa representación española, de “desastre mundial” el hecho de que nuestro país pase por la misma situación por la que ha pasado Grecia, e Irlanda y que, posiblemente, pasará Portugal.

El miedo al rescate se ha aminorado y buena muestra de ello es la disminución de la prima de riesgo-país y la relativa normalidad con la que está trascurriendo las subastas de letras y bonos del Tesoro a unos intereses altos, pero razonables.

A la espera del anteproyecto de ley de mañana, para conocer su contenido exacto, la realidad es que al final, el acuerdo ha sido posible gracias a la intervención personal y al empeño de Zapatero que, en la noche del miércoles mantuvo una larga reunión, seguida de cena en el Palacio de la Moncloa, con los responsables de las dos más importantes centrales sindicales (Cándido Méndez y Fernández Toxo).

Zapatero ha querido tener todo el protagonismo del acuerdo logrado a primeras horas de la madrugada del jueves, sin la presencia de ninguno de sus vicepresidentes (Rubalcaba y Salgado), ni siquiera de su Ministro de Trabajo Valeriano Gómez, después de conseguir, también, un acuerdo con el Partido Nacionalista Vasco, Convergencia y Unió y Coalición Canaria sobre el Pacto de Toledo, un acuerdo que le permite un respiro parlamentario tras enterrar la estrategia de la “geometría variable”.

Un Zapatero que desde el cambio de gobierno y desde el nombramiento de Pérez Rubalcaba como vicepresidente, había desaparecido de la escena política, cediendo todo el protagonismo, e incluso la iniciativa política en casi todos los temas, al que puede ser su sucesor.

Pero, desde el inicio del año, parece haber iniciado una auténtica ofensiva mediática y política, con entrevistaos televisivas y radiofónicas, en un intento de ponerse al frente de la manifestación para transmitir el mensaje de que las reformas que se están haciendo, y de la que dará cuenta la semana que viene a la canciller alemana como representante del Directorio Europeo, lleva su impronta y se van a llevar a cabo “le cueste lo que le cueste”.

Los que le conocen dicen que se ha olvidado de las elecciones y que lo único que le interesa es la Historia y no salir de La Moncloa por la puerta de atrás como le ha ocurrido a algunos de sus antecesores…