El abuso del estado de alarma

El Gobierno ha conseguido el suficiente apoyo parlamentario como para prorrogar el “estado de alarma” declarado el pasado “puente de la Constitución” tras el cierre del espacio aéreo nacional por el órdago lanzado por los controladores contra el Ministerio de Fomento que, en el mismo inicio del puente, decidió publicar las nuevas normas de funcionamiento interno del colectivo en el desarrollo de su actividad diaria y en la computación de las horas trabajadas.

Esa primera declaración del “estado de alarma” acompañada por la militarización de los aeropuertos y torres de control, a pesar de estar en el límite de lo que establece la Constitución y la Ley Orgánica de 1 de Abril de 1981 (treinta y cinco días después del fallido golpe de estado del 23 de febrero) relativa a los estados de alarma, excepción y sitio, fue recibida por la ciudadanía como una medida de autoridad, necesaria en ese momento.

Necesaria pero también sorpresiva en tanto la Ley Orgánica invocada en este caso, por la paralización de servicios públicos esenciales para la Comunidad y la libertad de circulación, pone el acento en catástrofes, calamidades, desgracias públicas, crisis sanitarias y desabastecimientos de productos de primera necesidad…

Todo el apoyo ciudadano que pudo tener la primitiva declaración del “estado de alarma” por parte de un Gobierno y de un presidente que han hecho del diálogo su principal bandera (igual que han hecho de los derechos sociales su principal objetivo), se ha difuminado ante el abuso de prolongar ese “estado de alarma” hasta el 15 de enero, sin que se haya explicado al país las verdaderas razones de esa prórroga.

Y además, como en el primero, el presidente del Gobierno se ha negado a dar la cara en un extraño juego difícil de entender.

Veinticuatro horas antes del Pleno parlamentario del jueves, el presidente del Gobierno anunciaba que se ausentaba del debate porque tenía que asistir en Bruselas a un importante Consejo Europeo en el que se va a debatir el futuro de la Deuda Pública de varios países, entre ellos España, ante un nuevo vendaval financiero que ha elevado el interés de los bonos españoles a largo plazo, a unos límites que no se conocían en los últimos diez años, debido sobre todo a un posible recorte del rating de la Deuda soberana española.

Pero, ante las críticas porque lo que era una auténtica “huida” de la realidad, el presidente del Gobierno se presentaba en el hemiciclo, aunque en ningún momento tuvo intención de intervenir porque la explicación de la prórroga la tuvo que hacer el Ministro de la Presidencia Ramón Jáuregui, con un discurso aseado, correcto en la forma, pero sin razones convincentes para justificar la continuación del “estado de alarma” hasta mediados del mes de enero, sobre todo, sin valorar la decisión de los controladores de comprometerse por escrito a no abandonar su puesto de trabajo en estas próximas fiestas navideñas.

El abuso de esa prórroga ha sido ratificado por los parlamentarios del Partido Nacionalista Vasco, y por los de Coalición Canaria, que tienen firmado un pacto de estabilidad con el Gobierno y también, sorprendentemente, por los parlamentarios de Convergencia i Unió.

Las duras críticas las han realizado los parlamentarios de Esquerra Republicana, Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia (UPyD), Nafarroa Bai y Bloque Nacionalista Gallego, que han votado en contra y el Partido Popular que, ante el temor de ser acusado de ponerse al lado de los controladores, se han abstenido.

Mal día para el Parlamento, mal día para la imagen exterior de España en unos momentos tan delicados para los mercados, y mal día para el país cuando hay que acudir a un “estado de alarma preventivo“, para garantizar la libre circulación de los ciudadanos…