Rajoy y el discurso según Arriola

Mariano Rajoy ha aprovechado el debate parlamentario sobre el empleo, un debate pendiente desde hace meses, para pedirle al presidente del Gobierno que renuncie a su puesto.

Cuatro meses después de que, por primera vez, líder de la oposición, aprovechando el debate sobre el estado de la Nación repitiese la misma frase que, en su momento, acuñó José María Aznar (“Váyase señor González”), inspirado por Miguel Ángel Rodríguez y Pedro Arriola, y pidiese el adelanto de las elecciones generales, ha vuelto a hacer la misma petición aunque matizada y ha sustituido el “Váyase señor Zapatero” por “Renuncie a su cargo señor presidente”.

Es la tercera modalidad que adopta, porque hace más de un año, en otro debate similar se dirigió al grupo parlamentario socialista para que buscase otro candidato, capaz de substituir a Zapatero para que diese más credibilidad a la actuación económica gubernamental, y a las medidas que había que tomar.

En esta ocasión, Rajoy ha querido ignorar el propio debate sobre el empleo, ha pintado un panorama apocalíptico de la situación económica nacional (con las consecuencias que, en estos momentos, puede tener ese tipo de discurso en los mercados) y, sin proponer, ni siquiera insinuar, ningún tipo de medida, se ha limitado a insistir en que el problema del desempleo en España se resolverá cuando haya unas nuevas elecciones generales: “Un gobernante que fracasa -ha sido su tesis- tiene la obligación moral de renunciar a seguir imponiendo sus errores”.

De esta forma, de acuerdo con la más pura doctrina de su sociólogo de cabecera Pedro Arriola que insiste, una y otra vez, en que no hay que hacer ninguna oposición, ni presentar ningún tipo de propuesta, sino incidir en el deterioro de la imagen de Zapatero, situada según las encuestas, en su peor momento, Rajoy se ha limitado a pedir una renuncia, precisamente cuando el Gobierno ha conseguido lo que parecía imposible: un pacto parlamentario de estabilidad con el Partido Nacionalista Vasco y con Coalición Canaria que le permitirá, no solo la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene, sino llegar con comodidad hasta el 2012 y agotar la legislatura.

Consciente de esta situación ¿por qué Rajoy, en contra del criterio de muchos dirigentes de su partido, que creen en que hay que empezar a presentar propuestas alternativas a las del Gobierno, se empeña en una salida imposible como es un adelanto electoral, que ya está descartado? Después del cambio de Gobierno de hace un mes ¿es coherente pedir la renuncia del presidente cuando ha nombrado un nuevo equipo, con un sucesor “in pectore”, Alfredo Pérez Rubalcaba, para el caso de que el presidente renuncie a presentarse a un tercer mandato?

En estos momentos, Zapatero está tan de vuelta de todo, y tan dispuesto al mismo tiempo, a llevar adelante el plan de ajuste que le ha impuesto la Unión Europea, que su intervención parlamentaria sobre el empleo ha constituido, por primera vez en su mandato, un reconocimiento de la realidad económica del país, algo que se ha negado a reconocer durante toda la legislatura.

Su intervención, en la misma línea del pasado mes de mayo cuando tuvo, que anunciar, con urgencia, en el Parlamento, unas durísimas medidas de ajuste que le han enfrentado con su electorado y que le ha colocado en una situación personal de muy difícil recuperación, ha sido de reconocimiento de que la mejora económica es tan débil (y menos de lo que el cree, según acabe de anunciarle la OCDE) “que no asegura un cambio irreversible de tendencia”.

Ni habrá el suficiente crecimiento económico, ha venido a decir, ni habrá la creación de empleo esperada, aunque el número de desempleados sigue siendo inasumible, y la reducción de la tasa de paro, la más alta de la Unión Europea, experimentara una bajada nada significativa… Frente a su discurso del optimismo antropológico (“el pesimismo no crea empleo ha venido diciendo hasta ahora”), ha construido el discurso del realismo aunque, ahora, es, probablemente, demasiado tarde.