La “Intifada” del Sahara

La “Intifada” saharaui que comenzó en la mañana del lunes con el desmantelamiento por parte de fuerzas marroquíes del campamento montado a quince kilómetros del Aaiún, capital del Sáhara Occidental, ha continuado hoy con incidentes aislados, registros, detenciones y el boqueo total de la ciudad, por parte del ejército marroquí, la gendarmería y fuerzas especiales de intervención.

Lo que comenzó como una simple protesta para reclamar mejores condiciones de vida para los saharauis frente a los colonos marroquíes que, poco a poco, han ido ocupando el Sahara, del que España se retiró en Febrero de 1976, tras el éxito de la Marcha Verde en plena enfermedad terminal del general Franco, se ha convertido en una auténtica rebelión contra Marruecos que el país vecino intenta controlar como sea, al margen de los criterios o decisiones de cualquier organismo internacional.

Para Mohamed VI, el Sáhara ya forma parte del gran Marruecos y la única solución pasa por una amplia autonomía, que durante estos meses han estado estudiando personajes políticos muy ligados al Palacio Real, para evitar cualquier tipo de referéndum a favor de la independencia.

En efecto, políticos cercanos al Palacio Real marroquí, han propuesto por primera vez al consejo consultivo sobre la regionalización que preside el antiguo embajador de Marruecos en Madrid Omar Azziman, la creación de una sola región autónoma en todo el Sáhara Occidental, lo que supondría una reforma constitucional, ya que incluye la posibilidad de que la población del “Sáhara occidental” no sólo elija sus diputados regionales por sufragio universal, sino que además tenga una “representación excepcional” en las dos Cámaras del Parlamento marroquí.

La nueva propuesta sobre la futura “región autónoma del Sahara” contaría con el visto bueno de los dos principales aliados de Marruecos: Francia y Estados Unidos, ya que Rabat viene insistiendo que un Sáhara en manos del Frente POLISARIO, sería un factor de inseguridad en una zona en la que ya ha penetrado Al Qaeda, hasta el punto de convertirla en una de las principales bases de entrenamiento del terrorismo radical islamista…

Para Rabat, que argumenta que un estado independiente sin ejército propio sería dejar el terreno libre para el fortalecimiento de Al Qaeda en el Magreb, el visto bueno de España a ese plan, en tanto España ha sido la última potencia colonizadora, es vital, hasta el punto que están condicionando todas las relaciones. Y de ahí, los periódicos incidentes que se han producido en Ceuta y Melilla, las dos ciudades autónomas reclamadas por Marruecos.

Sin embargo, el inicio de que lo puede considerarse como una auténtica “Intifada”, forzada por la actuación del ejército marroquí contra una población que, pacíficamente, se había limitado a reclamar una serie de reivindicaciones económicas y de bienestar, ha reducido el margen de maniobra de Rabat, ha puesto en duda muchas de las medidas de liberalización que se habían tomado en los últimos años en el país, y ha puesto a la comunidad internacional en una situación incómoda , ya que, tarde o temprano, no tendrá mas remedio que condenar los excesos cometidos aunque hasta ahora ni la ONU, ni Estados Unidos, ni la Unión Europea (que tiene vínculos privilegiados con Marruecos) ni, por supuesto, España, han condenado los excesos cometidos en El Aaiún.

Por otra parte, la reacción de la opinión pública española, claramente favorable a las posiciones del POLISARIO, la condena de varios parlamentos regionales autonómicos y el posicionamiento de la mayoría de los partidos políticos en contra de la actuación de Rabat, contrastan con la debilidad de la reacción del Gobierno español y, sobre todo, con la reacción, considerada como un lugar común, de la Ministra de Asuntos Exteriores Trinidad Jiménez, que se enfrenta con su primer conflicto desde que sustituyó a Miguel Ángel Moratinos, hace algo más de tres semanas.

Hasta ahora la ministra Jiménez ha contemplado impasible como las autoridades marroquíes han actuado con total impunidad contra ONGs, contra parlamentarios españoles, contra europarlamentarios, contra periodistas, y contra abogados, sin que le haya pedido a Rabat la más mínima explicación o investigación de lo sucedido.