La agitada visita del Papa

La tercera visita que el Papa Benedicto XVI realiza a España y que comienza este sábado en Santiago de Compostela donde se espera la asistencia de más de un millón de personas que quieren ganar el Año Santo Compostelano para continuar en Barcelona con la consagración del templo de la Sagrada Familia y rendir homenaje al arquitecto soñador que la proyectó, Antoni Gaudí, se está convirtiendo en la más polémica de todas por la reacción de ciertos colectivos de ateos, homosexuales, lesbianas, católicos de base, sindicatos como la CGT, y otros grupos que, por distintas razones ya han comenzado sus protestas en las calles, criticando el coste del viaje, manifestándose en contra de la actitud de la cúpula de la Iglesia sobre los casos de pederastia de sacerdotes o pidiendo simplemente la adaptación de la Iglesia a los nuevos tiempos y realidades sociales que vive la sociedad.

Cuando mejor están las relaciones entre el Gobierno español y el Vaticano, después de sucesivas tormentas provocadas por lo que la Santa Sede cree que es el relativismo moral con el que se está gobernando el país y que puede servir de ejemplo para otros países en Iberoamérica (ley del aborto, ley de matrimonio homosexuales, educación, familia, eutanasia…) más discrepancias está produciendo la visita papal aunque estas queden reducidas a pequeños grupos que están desarrollando, eso sí, una gran capacidad de marketing.

La visita del Papa está siendo aprovechada también por algunos partidos políticos para una reivindicación del catalán como idioma (Benedicto XVI utilizará en sus discursos tanto el catalán como el gallego de acuerdo con la costumbre de dirigirse a los fieles en la lengua del lugar) y para la reivindicación de una “Iglesia catalana”, algo que ha provocado ciertas tensiones entre el cardenal Arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco Varela y el de Barcelona cardenal Luis Martínez Sistach.

Pero la realidad es que la visita papal se produce en un ambiente oficial distendido -la decisión del presidente del Gobierno de no asistir a la misa de la Sagrada Familia es respetable si no se la compara con la jornada de oración que tuvo que presidir junto con Obama y organizada por el sector religioso más integrista de los Estados Unidos- y en unos momentos que se ha disipado bastante la tensión entre Madrid y el Vaticano gracias sobre todo a la labor que durante los últimos años ha venido realizando la vicepresidenta del Gobierno Maria Teresa Fernández de la Vega y el embajador en el Vaticano Francisco Vázquez.

Las intervenciones públicas del Papa, que visita el país no solo como jefe de la Iglesia católica sino también como jefe del Estado Vaticano, darán el tono de cómo están las relaciones entre el Gobierno y la cúpula de la Iglesia y ya, algunas fuentes de periodistas norteamericanos desatacados en la Santa Sede, especulan con que Benedicto XVI esté redactando su pastoral con dureza por el compulsivo motivo de siempre: arremeterá contra el régimen laicista y relativista impuesto a España por el triste Zapatero y por su democracia ciudadana.

Sorprendentemente, es el antiguo periódico del Partido Comunista italiano, hoy ligado al partido Demócratas de Izquierdas, “L´Unità” el que sale en defensa del Pontífice y también del presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero.

“Cuando Benedicto XVI habla de secularización y relativismo, -argumenta el periódico-las causas que indican son precisas: la caída de muros y barreras en los ámbitos fundamentales de la vida moderna, la consecuente globalización de los canales de información también sobre los estilos de vida, la desaparición de todas las reglas en la libre circulación de capitales, la total libertad de los mercados y su capacidad para transferir – anónimamente – enormes masas de capitales de un rincón a otro del planeta … Ciertamente, a Benedicto XVI, que no ha apuntado el dedo contra ningún político, le gusta también puntualizar que en toda la Europa contemporánea “la religión parece haber perdido gran parte de sus objetivos, y como consecuencia parece que ha aumentado la distancia entre religiones y sociedad. El hombre contemporáneo evoluciona no contra Dios, sino fuera de Dios, sin consideración alguna hacia lo que el espíritu del cristianismo ha realizado en la historia de Europa”. Que todo ello sea culpa de José Luis Rodríguez Zapatero, francamente, parece una auténtica “americanada”