ETA en la agenda del nuevo Gobierno

El nuevo Gobierno que copreside el vicepresidente y Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba parece querer impulsar el final definitivo de ETA, según se deduce de gestos, declaraciones, entrevistas y contactos, hechos públicos o filtrados a la prensa en los últimos días.

El que el mismo día de la remodelación ministerial el presidente se refiriera a la actitud de la izquierda abertzale, afirmando que hasta ahora no había hecho lo suficiente por alejarse de la banda; que uno de los hombres fuertes del gabinete, el ministro de Fomento José Blanco, anunciase a bombo y platillo que este Gobierno terminará con ETA y que, incluso, el vicepresidente y Ministro del Interior asegurase, ante la inquietud de ciertos sectores del Partido Popular, que no habrá cambios en la política antiterrorista, indica que ese final de ETA forma parte esencial de la agenda política del remodelado Gobierno.

Por otra parte la reunión en el Palacio de la Moncloa el pasado sábado entre Zapatero y Rubalcaba y el lehendakari vasco Patxi López, y el consejero de Interior del Gobierno autónomo Rodolfo Ares, para coordinar esa política antiterrorista de cara a los próximos meses, indica que los expertos en terrorismo piensan que el final de la banda está cerca y que hay que seguir insistiendo en una ruptura definitiva del mundo abertzale con los comandos armados, así como en una entrega incondicional de las armas.

En este sentido, el periódico “El País”, a través de uno de los hombres que mejor está informado de lo que pasa en Moncloa y de los planes de Zapatero, Luis Aizpeolea, aporta el dato fundamental de que ya Batasuna se habría dirigido a ETA para un cese incondicional, y verificable de la acción armada, y que en este proceso estarían implicados mediadores internacionales, entre ellos varios premios Nobel de la Paz, que, desde hace meses, intentan normalizar el proceso.

Batasuna confía en que ETA de ese paso, que se traduciría, inicialmente, en un alto el fuego permanente, verificable y con vocación de definitivo, tal y como reclamó el acuerdo de Guernica, suscrito en septiembre junto a Eusko Alkartasuna y Aralar.

Hasta entonces, la izquierda abertzale no presentará una candidatura para las elecciones municipales y forales de mayo, pues sabe que un intento así estaría abocado al fracaso, ya que sería bloqueado por el Ministerio del Interior y por los tribunales. Tampoco presentará una batalla de fondo por los presos etarras, aunque tiene previsto, cuando se den las condiciones, reivindicar la excarcelación de los reclusos enfermos y combatir legalmente la doctrina Parot sobre la acumulación de penas.

Aislada de su base social, diezmada por las sucesivas detenciones que ha desarticulado varios de los estados mayores de la banda, infiltrada por especialistas en inteligencia que han conseguido llegar a la cúpula de la organización, perseguida internacionalmente especialmente en Francia y Portugal en donde han intentado establecerse, presionada por esa izquierda abertzale que necesita participar en la vida política de Euskadi y estar presente en los Ayuntamientos, la banda se debate entre el posibilismo de un final, más o menos dialogado, y una derrota definitiva.

Después de haber traicionado sucesivas treguas, la última la de 2006, que tanto coste político le supuso al presidente del Gobierno, con el atentado en la terminal del aeropuerto de Barajas, ya nadie cree en nuevos alto el fuego ni en treguas, sino en un abandono definitivo de la violencia, en una entrega de las armas y en la suspensión de todas las actividades de extorsión y de lucha callejera, del último movimiento armado que todavía existe en Europa.

En esa estrategia se encuentra Batasuna y el mundo radical que, hasta ahora, ha sido la base social de ETA y que ha llegado a la conclusión, gracias a la estricta aplicación de la Ley de Partidos, de que es el único camino posible pasa por el abandono de la violencia y la aceptación de la legalidad democrática a través de la participación en las instituciones. Batasuna siempre ha estado supeditada a la estrategia de ETA, y ha sido su brazo político. Ahora, parece que las cosas comienzan a cambiar.